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Reportaje:EUSKAL HERRIA ESCONDIDA

Los embalses del Gorbeia

Esta entrada al parque natural cuenta con curiosidades como las 'falsas' cuevas de Zubialde o las canteras abandonadas

Los más aficionados a los bosques frondosos no tienen todavía su momento en estas fechas previas a la primavera, pero afortunadamente el parque natural de Gorbeia ofrece atractivos en todas las épocas del año, y no sólo para los aficionados a las variaciones del paisaje y las sorpresas naturales, sino también para aquellos que gustan de disfrutar de los paseos por el monte aliñados de referencias a la intervención humana en el entorno.

Y este de los embalses del Gorbeia es uno de los más expresivos de todos esos lugares recuperados después del paso del hombre por ellos. En escasos kílómetros, el paseante se encuentra con una pequeña presa de montaña, un par de explotaciones de cantera por lo menos, y (citado en último lugar, aunque sea tan o más jugoso que el resto) unas cuevas adornadas con pinturas prehistóricas fechadas en el último decenio.

Todo ello en el comienzo de uno de los itinerarios clásicos de ascensión al Gorbea, cima mítica del País Vasco, que recoge todos los tópicos habidos y por haber. Sólo le faltaban, por cierto, unas pinturas rupestres. Y ya se encargó del asunto, en 1990, el ciudadano de Vitoria S. de Ruiz y Selfa, quien presentó a las autoridades civiles y académicas un descubrimiento que, en realidad, era muestra de su propio buen hacer con el pincel.

Las emociones que siempre provocan los descubrimientos relacionados con los antepasados llevaron a las autoridades correspondientes a recibir con alborozo este hallazgo. Los mandamases civiles, otorgando una sustanciosa recompensa al descubridor; y los responsables académicos, ofreciendo su visto bueno a las aportaciones artísticas descubiertas.

Se habían encontrado unas pinturas que situaban en la montaña mítica obras maestras casi parejas a las de Altamira o Lascaux. Aquí, además de signos que precedían a la abstracción de Tàpies, se aportaban muestras de mamuts, caballos y hasta de un rinoceronte. Toda una osadía creadora, en caso de que estos dibujos fueran verdaderos.

Un engaño antológico

Pronto (el timo era burdo), se desveló el engaño y las alegrías por las presuntas pinturas rupestres se diluyeron en el olvido. Pero la cueva, bien sellada a cal y canto, continúa ahí, en el ascenso desde Murua hacia la cumbre del Gorbea, antes de llegar a los embalses. Y el curioso no puede dejar de acordarse del que pudo haber sido uno de los más divertidos fiascos en un país tan amante de la prehistoria.

El siguiente encuentro con la aportación humana en el ascenso a la cumbre son los embalses realizados en el río que da nombre a las cuevas famosas. Se trata de una pequeña presa de montaña, que en estas fechas muestra todo su esplendor con un caudal desbordante provocado por el deshielo y las últimas lluvias.

Desde aquí parten algunos de los múltiples paseos con que cuenta el parque natural del Gorbeia, poco más de 20.000 hectáreas en la frontera de los territorios de Álava y Vizcaya, verdadero pulmón del País Vasco.

El aficionado al monte conoce estos datos al dedillo, no en vano Gorbeia (o Gorbea) ha sido de siempre una de las citas imprescindibles para el buen montañero. Bien lo sabía, por ejemplo, Sabino Arana, que fue uno de los primeros impulsores de las excursiones que ascendían a su cima. Con más esfuerzo, por cierto, que si la cumbre que había que hollar fuera el Everest.

El paseo propuesto, pues, es una buena salida para llegar a la famosa Cruz, pero también permite el esparcimiento del dominguero habitual. Siguiendo el curso del arroyo Zubialde, que luego tributará sus aguas al Zadorra, se llega a las canteras de Murua.

Ésta es una de las incursiones humanas más antiguas de las que se encuentran en el parque natural (entre las modernas, se puede destacar, por ejemplo, la A-68). El libro editado con motivo de la declaración de Gorbeia como tal recoge los distintos usos que el hombre ha dado a todo este complejo, desde la lejana privatización de los terrenos comunales para destinarlos a una explotación intensiva hasta la construcción de pequeñas centrales eléctricas con las que abastecer a las localidades cercanas.

También hubo una mínima actividad minera, sin olvidar el gran negocio rural de la segunda mitad del siglo XX: la plantación de coníferas, sobre todo pinos y abetos. De ahí que uno de los grandes atractivos de todo el macizo sea la conservación de los bosques caducifolios autóctonos, como los que acompañarán al paseante una vez deje atrás las citadas explotaciones de piedra. Estas canteras se encuentran abandonadas y sobre ellas (con la colaboración de las correspondientes instituciones) se ha registrado un cambio radical, con el que se han insertado de nuevo en la naturaleza, con algún complemento en forma de juegos infantiles.

Ya en la continuación del paseo, una de las opciones puede ser la que se llega hasta las cuevas de Mairulegorreta, estas sí de gran tradición entre los amigos del parque. Ls cueva central es de grandes dimensiones (unos doce kilómetros), y sus galerías y estancias, investigadas por espeleólogos alaveses, tienen nombres de diversas calles y plazas de Vitoria. En esta cueva se encontraron los primeros datos fidedignos de presencia humana en Gorbeia, correspondientes a hombres de Neanderthal, que anduvieron por la zona hace 50.000 años.

El tesoro de Mairulegorreta

Esta misma gruta, como tantas otras del País Vasco, también cuenta con su correspondiente leyenda vinculada a un tesoro. Y como en tantas otras, a pesar del tiempo invertido en el empleo de la azada, nunca nadie ha podido encontrar tan preciada fortuna. Lo que sí se puede rastrear en Gorbeia, una vez dejada atrás la huella del hombre, son otros tesoros naturales como la abundante fauna, entre la que destacan ciervos, corzos o gatos monteses, o la variedad de sus bosques, en los que domina el haya, pero donde no falta el roble, el castaño o, en la zona del río desde donde parte el paseo, chopos y otras variedades de ribera.

Una vez terminado el recorrido por los embalses del Gorbeia, la cita está en los pueblos de sus estribaciones, desde Murgia a Sarria, sin olvidar Manurga, Murua, Gopegi o Etxaguen.

Datos prácticos

Cómo llegar: Las pequeñas presas del Gorbeia se encuentran al final de una carretera de montaña que sale de la localidad alavesa de Murua. Desde Vitoria se accede por la N-622 que, a la altura de Apodaka, toma el desvío a Murua, por la A-3608. Quienes lleguen desde San Sebastián también realizarán este recorrido, mientras que los que se acercan desde Bilbao han de acceder a Apodaka, por la A-68 y luego, la N-622. Alojamiento: En la zona hay una buena selección de hoteles con el encanto de estos establecimientos en el campo. En Murguía, se encuentran la Casa del Patrón (tel. 945 462528) y el Zuya (945 430300); en Altube, el que lleva el mismo nombre (945 430173), y en Izarra, Casa Doña Lola (945 437224). En cuanto a las casas de agroturismo, hay que citar Gorbea bide en Sarria (945 430046) y Guikuri en Murua (945 464084). Comer: En la zona, abundan los restaurantes, desde el cercano Artzegi, sito en la localidad de Gopegi (945 437224), hasta la numerosa nómina de los que se pueden encontrar en Murgia, como el Murguia (945 430027) o el Izarra (945 430073). Ya en el barrio de Olaeta, en Otxandio, se puede acudir al Goikoetxea (945 450171), mientras que en Legutio se ofrecen comidas en Astola (945 455004) o en Picos de Europa (945 455222).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de marzo de 2001

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