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Entrevista:JAGDISH BHAGWATI | PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE COLUMBIA

'La globalización está creando prosperidad'

'¿Cómo se puede acabar con el trabajo infantil sólo diciendo que Nike no debe emplear niños?'El profesor indio Bhagwati defiende la capacidad del libre comercio para transformar la sociedad y reclama condonar la deuda externa

Jagdish Bhagwati (India, 1934) lleva al menos 10 años hablando a favor de la liberalización económica, el libre comercio y la globalización, desde que era asesor del antiguo Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Pero fue a raíz de la fracasada cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle cuando intensificó su proselitismo globalizador, en unos 200 artículos y unos 40 libros en los que defiende el poder de transformación social de la globalización económica para los países en desarrollo, o mejor, pobres, ya que 'en desarrollo es una forma diplomática de llamarlos', dice.

Pregunta. Economistas y sociólogos debaten aún los efectos de la cumbre de Seattle. Usted estuvo allí. ¿Por qué cree que fracasó?

Respuesta. Seattle fracasó por varias razones, algunas de tipo institucional, ya que se planeó muy tarde. Hubiera sido complicado en todo caso, pero luego se produjo esa fenomenal irrupción en las calles por todos esos manifestantes antiglobalización, esos grupos de ONG, estudiantes, sindicatos, anarquistas. Todo esto creó una sensación de desorganización completa.

P. ¿Qué es la globalización?

R. Yo distingo dos tipos. Una de ellas es la económica, pero yo creo que el desafío más grande de la globalización está en la sociedad civil. Hay muchos grupos que se preocupan de cuestiones como los derechos humanos o la solidaridad, y le dan un enfoque universal, y ésta es otra gigantesca fuerza globalizadora, que no es económica. Estas dos globalizaciones, la social y la económica, entraron en conflicto tras Seattle.

P. ¿Cuál de las dos está solucionando más problemas?

R. La globalización económica es una fuerza muy creativa para crear prosperidad, y eso es bueno para la globalización social. Un ejemplo es la situación de la mujer en Japón. En los ochenta y noventa, Japón estaba en la cima económica del mundo, y muchas de sus inversiones se realizaron fuera del país, así que muchas mujeres pudieron salir y trabajar en las mismas condiciones que los hombres. La globalización ha sido una poderosa fuente de cambio social. Si la economía crece, la perspectiva de lograr cambios sociales se acrecienta. Hay más ejemplos. Una ley de divorcio en un país en desarrollo no sirve de nada, porque una mujer no puede divorciarse si luego no puede encontrar trabajo para alimentarse.

P. ¿Y la globalización económica está creando esos trabajos?

R. La globalización está creando prosperidad. Por eso, todos estos sentimientos contra la globalización económica están equivocados. La globalización es, frecuentemente, aunque no siempre, un aliado de los cambios sociales, no un enemigo. La sociedad civil y los gobiernos no pueden solucionar estos problemas solos, porque suelen tener la energía, la visión y las ganas de hacerlo, pero no el dinero. En cuanto a toda esa gente joven e idealista... Bueno, yo también soy idealista, y si acabando con la OMC o siendo proteccionistas lo solucionamos, yo lo apoyaría, incluso siendo un partidario del libre comercio. Pero no lo creo.

P. Usted ha dicho que la visión de los antiglobalizadores sobre el trabajo infantil está fuera de la realidad. ¿Por qué?

R. El trabajo infantil no se puede solucionar con sanciones comerciales, porque las exportaciones de los países pobres sufren. Y tampoco vale con impedir el trabajo, porque los padres necesitan ese salario y muchos terminan enviando a sus hijos a la prostitución. La OIT tiene un programa internacional para la erradicación del trabajo infantil, que trabaja con ONG locales, tratando de asegurarse de que los niños irán a la escuela. Este tipo de cosas son las que marcan realmente una diferencia.

P. Usted ha escrito un artículo en apoyo a Nike, que ha sido acusada de explotación infantil en países como el suyo.

R. Hay que tener una visión global. Sólo en Asia hay 200 millones de niños trabajando. ¿Cómo puedes acabar con eso diciendo 'Nike no debe usar mano de obra infantil'?

P. Las multinacionales no explotan a sus obreros en las fábricas occidentales.

R. En muchos lugares, las multinacionales están bajo la presión de los gobiernos para contratar a gente local, y si usas gente local... En mi país son 2.000 años de tradición, alguien que está arriba nunca tratará bien a la gente de abajo porque siempre estarán debajo. Yo tengo una visión más compleja de todo esto, debido a mi experiencia.

P. ¿Qué se debería hacer con la deuda externa?

R. Es muy enfermo reclamar a los países muy pobres que paguen deudas que, en muchos casos, fueron contraídas por gobiernos anteriores, que eran dictatoriales.

P. Los países desarrollados dicen que no pueden permitirse condonarla. ¿Pueden hacerlo?

R. Con los países muy pobres, sí. El problema es que sólo lo harán si los gobiernos son estables, y eso es una gran ridiculez, porque si tuvieran un buen gobierno no tendrían deudas desorbitadas. Es como decir a un enfermo que le darás medicina si se pone bueno antes. En países pobres y con problemas para democratizarse, yo no convertiría un buen gobierno en una precondición para eliminar la deuda. El Banco Mundial y el FMI han sido un poco cínicos en esto, ya sabe, 'lo hacemos si usted se reforma'. Es imposible conseguir reformas reales sin salud económica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 2001