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Reportaje:

El gran negocio de la élite conservadora

Bush padre, John Major o James Baker figuran en la nómina de la poderosa compañía de inversiones Carlyle

Carlyle Group es una de las compañías de inversiones más rentables del mundo. También es algo parecido a una extensión financiera del Partido Republicano estadounidense y de otros grupos conservadores. En su nómina figuran desde el ex presidente George Bush hasta el ex primer ministro británico John Major, pasando por el ex presidente del Bundesbank Karl Otto Pöhl y el ex secretario de Estado James Baker. La red de contactos de Carlyle Group no tiene precio, especialmente ahora, cuando la compañía ha invertido grandes sumas en la industria militar estadounidense y George W. Bush ocupa la Casa Blanca.

Carlyle, con sede central en Washington, niega actuar como lobby (grupo de presión) ante las autoridades federales. El ex presidente Bush, por ejemplo, figura exclusivamente como 'asesor para asuntos asiáticos', aunque participa en las inversiones del grupo, incluidas las militares, y cobra como conferenciante. Según un informe publicado ayer por The New York Times, la madeja de ex altos cargos republicanos en el consejo de Carlyle es lo bastante densa como para levantar sospechas. Frank Carlucci, secretario de Defensa bajo Ronald Reagan, es el presidente y director ejecutivo de Carlyle, y se reúne frecuentemente con sus amigos Donald Rumsfeld, que fue compañero de colegio y es hoy secretario de Defensa, y con Dick Cheney, actual vicepresidente y secretario de Defensa bajo George Bush. Esos contactos pueden ser de gran utilidad para que el Ejército estadounidense se interese por la financiación y la compra del Crusader, un carro de combate fabricado por una de las participadas de Carlyle. El proyecto Crusader asciende a 13.700 millones de dólares (alrededor de 2,4 billones de pesetas).

El propio George W. Bush tiene vínculos directos con Carlyle. En 1990, cuando buscaba empleo tras varios fracasos como empresario petrolero, Carlyle le colocó en el consejo de una de sus sociedades, Caterair, dedicada a servir comidas para líneas aéreas. 'George Bush gana dinero gracias a una sociedad privada que hace negocios con el Gobierno, mientras su hijo es presidente y, de una forma peculiar, George W. Bush podría algún día beneficiarse económicamente de las decisiones de su Administración, a través de las inversiones de su padre. El americano medio ignora estas cosas, que para mí son pasmosas', declaró a The New York Times Charles Lewis, director del Centro para la Integridad Pública de Washington.

George Bush y James Baker -que es uno de los 18 propietarios del grupo- se encargan de captar dinero en Oriente Próximo, donde son bien conocidos desde la guerra del Golfo. Bush hizo recientemente un viaje a Arabia Saudí en compañía del británico John Major, otro veterano de la guerra contra Irak, para hablar de negocios con el rey Fahd y otros potentados árabes.

En Extremo Oriente, los puntales del grupo son Fidel Ramos, ex presidente de Filipinas, y Anand Panyarachun, ex primer ministro de Tailandia. En Europa, además de John Major y Karl Otto Pöhl, figuran como consejeros numerosos presidentes y ex presidentes de compañías como Nestlé, BMW, Louis Vuitton, Moët Hennessy, Aérospatiale y Hoffmann-LaRoche.

Carlyle gestiona 12.000 millones de dólares (más de dos billones de pesetas) de inversores externos como, por ejemplo, el fondo de pensiones de los maestros de Tejas, cuyo consejo directivo fue nombrado bajo el mandato como gobernador de George W. Bush, y que ha depositado 100 millones de dólares. Su rentabilidad es excelente, ya que en la última década ha proporcionado a sus inversores un rendimiento del 34% anual como promedio. Además de en la industria de defensa, tiene participaciones significativas en compañías de informática y telecomunicaciones (Nortel, por ejemplo), de Internet, de seguros médicos e incluso de prensa: a través de un préstamo pignorado, el grupo es copropietario del diario conservador francés Le Figaro. La actividad normal de Carlyle consiste en comprar grandes paquetes de acciones y revenderlos a mayor precio, por lo que su presencia en las empresas suele ser temporal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de marzo de 2001