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Tribuna:

Sin papeles

Cuando se emplea la expresión los sin papeles tiendo a identificar a los miembros del Gobierno responsables de la Ley de Extranjería, y no a los inmigrantes ilegales. La Ley de Extranjería del PP ha levantado la manta del autoengaño, y ahí está, de Cádiz a Portbou, la misma playa llena de víctimas, en buena parte fruto de la insoportable combinación de intransigencia e inexperiencia de nuestros Gobiernos. Ya en los tiempos del PSOE no se diseñó una política migratoria adecuada, finalmente se improvisó una Ley de Extranjería de castigo al PP en sus tiempos de mayoría relativa y ahora el PP absoluto, omnívoro y total se venga con una nueva ley que en dos semanas ha enseñado todo su sinsentido, todo su desacuerdo con la situación real de la inmigración.

Los llamados sin papeles ejercen la presión de las huelgas de hambre y de los encierros en iglesias, allá donde pueden, porque en Lorca, sometidos al lock out de la patronal, no tienen otra salida que morirse de hambre sin necesidad de huelgas y echarse al campo perseguidos por los desahucios. El Gobierno ha intentado pegar patadas a contrapié y se ha caído de culo: los Gobiernos tienen culo, sobre todo los Gobiernos de España, y no los de Mérimée.

Ayudados por la compasión o por la solidaridad de quienes consideran que la globalización bien entendida empieza por el derecho a la supervivencia, los inmigrantes tratan de oponer su frágil fuerza organizativa, pero sobre todo su inmensa capacidad de encarnar esa concreción que se llama injusticia opuesta a una gran abstracción, la justicia.

El Gobierno tenía las manos llenas de papeles de la nueva Ley de Extranjería y entonaba el discurso de la parte contratante de la primera parte subvierte lo acordado en la parte contratante de la tercera parte no dice lo contrario.

Los papeles leguleyos del Gobierno han volado, sustituidos a veces por medidas de cachondeo como la de repatriar a los ecuatorianos para que se legalicen en el Ecuador como emigrantes y luego vuelvan. Otro juramento de Santa Gadea. Estos políticos del PP, dedicados a lo migratorio, a veces parecen unos señoritos y otras veces lo son.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de febrero de 2001