Una financiación condicionada a los resultados de los centros

Otro temor que asalta al mundillo universitario a la vista de la nueva ley, que promete más financiación económica a los centros con más alumnos, es que, de hecho, se desate una caza de estudiantes para obtener más dinero, provocando un efecto de masificación que no contribuirá a mejorar la calidad.

Para remediarlo, el ministerio asegura que se está redactando una ley adicional que introducirá la obligación de efectuar evaluaciones en los distintos centros. Cuando los resultados globales no estén a la altura de las expectativas, la financiación disminuirá inmediatamente.

La reforma establece la obligación de ofrecer un servicio de tutoría en todas las universidades. Para ello, los profesores tendrán que duplicar las horas de dedicación a la docencia, actualmente fijadas en 60 horas mensuales. De no hacerlo, el centro en cuestión será multado.

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Pero todo apunta a que el ministerio tendrá a partir de ahora que negociar con los profesores ofreciéndoles mejores condiciones de trabajo, para lograr que este aspecto esencial de la reforma salga adelante. Zecchino confía en abrir las puertas de la Universidad a la industria y a la investigación industrial al permitir a las empresas que financien determinadas cátedras. Pero tampoco este aspecto innovador ha sido aceptado sin críticas.

Muchos profesores temen manipulaciones por parte de las industrias, lo que derivaría en una pérdida de libertad de las cátedras. El ministro Ortensio Zecchino está satisfecho cuando menos por haber logrado una cosa: poner orden en el variopinto panorama de la educación italiana, donde existían 4.207 materias de estudio.

A partir de ahora, y gracias a la reforma, han quedado reducidas a 368 sectores disciplinarios. Todo un logro en el país de la complejidad.

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