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Forn toma el mando de Convergència en Barcelona con la ausencia de Molins

Joaquim Forn tomó ayer el mando de la federación de Convergència en Barcelona, en la que sustituye a Artur Mas, secretario general de CDC. La votación para la elección del nuevo presidente y de ocho de los miembros de la comisión ejecutiva no dejó lugar a dudas, y obtuvo el 86% de los votos. La asamblea evidenció la particular situación del partido, ya que no asistió Joaquim Molins, jefe del grupo municipal en el Ayuntamiento de Barcelona.

Forn, concejal del Ayuntamiento de Barcelona desde 1999, cuandoe encabezaba la única candidatura presentada, se ha rodeado de jóvenes procedentes de las juventudes de CDC en la nueva ejecutiva. Las nuevas incorporaciones son Helena Balletbó, Germá Gordó, César Grijalbo, Marc Guerrero, Imma Martínez, Neus Munté, Josep Vidal y Antoni Vives. El contrapeso a una ejecutiva en la que predomina el sector soberanista de Convergència vendrá de la mano de algunos veteranos del partido, como Jaume Camps.

Molins, miembro de la comisión ejecutiva de CDC en Barcelona, debía tomar la palabra al cierre de la asamblea, que se celebró en el Maremàgnum. Al menos, así figuraba en el programa previsto por Convergència según una convocatoria del viernes pasado. Ayer, sin embargo, ni habló y ni siquiera asistió. Como tampoco lo hizo el hasta esta misma semana portavoz del grupo municipal nacionalista en el Ayuntamiento, Josep Miró i Ardèvol, que se ha retirado por problemas de salud.

Forn, concejal del Ayuntamiento de Barcelona desde 1999, se ha rodeado de jóvenes procedentes de las juventudes de CDC.

La ausencia de Molins, que antes de Navidades anunció su intención de retirarse de la política en el año 2003 tras comprobar que no tenía apoyos para optar a presidir la federación de Barcelona, es una demostración más de la débil posición del actual jefe del grupo municipal de CiU, que no ha gozado del apoyo del aparato de su partido ni antes de las elecciones municipales -en las que CiU obtuvo uno de sus peores resultados - ni tampoco después, frente al auge de sector soberanista.

Los socialistas criticaron ayer el desbancamiento de personalidades como Molins porque 'más allá de las discrepancias entre adversarios antepone el servicio y el discurso de la ciudad a las lógicas partidistas'.

Un miembro del grupo municipal reconocía ayer que habrá que buscar fórmulas para hacer compatible la situación que ahora se ha creado: Molins es el presidente de las filas nacionalistas en el Ayuntamiento de Barcelona y, sin embargo, será un concejal -Joaquim Forn- el que lleve las riendas del partido en la ciudad. 'Tampoco será la primera vez que pasa', apuntan desde CDC.

Todo eso ocurre, además, cuando los ediles de Unió han pedido más peso en la coalición con motivo de la reorganización del grupo por la renuncia de Miró a seguir como portavoz. Al término de la asamblea, el propio Forn se refería a esa situación asegurando que se impondrá el buen clima entre los concejales de ambos partidos.

La asamblea celebrada ayer pretendía dar por cerrada una etapa del grupo municipal e iniciar otra. Tal vez por eso, en los parlamentos tras la elección de la nueva ejecutiva y de la presidencia sólo se hizo referencia al futuro del partido y los objetivos de mejorar la implantación en Barcelona: 'Hemos vivido momentos difíciles y complicados, hemos tomado decisiones que a veces no han gustado o no se han entendido', dijo Joaquim Forn en alusión a Molins.

Mas, que pronunció un largo discurso de clausura, vino a decir que el problema de los nacionalistas para obtener el apoyo del electorado en Barcelona es que no saben 'vender' bien el producto.

'Hay que recuperar posiciones en Barcelona, sobre todo ante un equipo de gobierno socialista que no lo hace bien, sino muy mal', dijo. Además subrayó que Convergència debe saber explotar la aportación que hace a Barcelona desde el Gobierno catalán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de enero de 2001