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REPORTAJE

El último viaje de las harinas cárnicas

Una empresa de cementos del País Vasco realiza una experencia piloto y quema 18 toneladas de restos bovinos

Las estructuras cilíndricas de acero y las torres de hormigón emergen fantasmales en la fábrica Cementos Lemona, a 25 kilómetros de Bilbao. La cementera es una de las dos existentes en el País Vasco; con ambas, el departamento de Agricultura autonómico ha acordado la destrucción de las 17.000 toneladas de harinas cárnicas que Euskadi produce anualmente y que no podrán comercializarse como consecuencia del mal de las vacas locas. Ayer, en el aislado paisaje que componen los 80.000 metros cuadrados de instalaciones, se destruyeron 18 toneladas de desechos de bovino. Fue un ensayo; el primero que se desarrolla en España, según aseguró Carlos Urcelay, directivo de Cementos Lemona, quien explicó el proceso. La empresa invertirá entre 250 y 300 millones de pesetas para adaptar la instalación a las exigencias de la normativa europea. El futuro sistema entrará en funcionamiento en un tiempo estimado de tres a seis meses.

En una nave de la inmensa cementera, un operario introduce paladas de marrones harinas en la boca de la tolva . El trabajador no se protege de manera especial. Tampoco se detectan olores extraños en el ambiente y la temperatura no es alta. La harina cae y un sistema de transporte neumático la traslada al quemador del horno de acero. Sus medidas son 56 metros de largo y 4 de diámetro, y produce una llama de 20 metros, que cuando alcanza los 2.000 grados centígrados de temperatura destruye las sustancias animales de forma instantánea, así como los compuestos orgánicos causantes de la aparición de dioxinas y furanos . Las harinas permanecen en el horno ocho segundos, un tiempo superior al que se establece como límite para la destrucción de los compuestos, que es de 1.200 grados. 'Las características del horno de clinker son perfectamente válidas para la destrucción total de los compuestos orgánicos que llevan las harinas animales y que tienen, básicamente, elementos grasos y calcio. Sin los componentes no hay riesgo de emisiones perjudiciales para el medio ambiente. El sistema es eficaz y seguro', resalta el técnico. Sin embargo, el sindicato Comisiones Obreras sostiene que hay emisiones a la atmósfera y ha pedido la paralización de las pruebas. El sistema permite quemar una tonelada y media de harina por hora; el nuevo sistema duplicará la cantidad. La experiencia concluirá el próximo lunes. Para entonces, 42 toneladas de harinas cárnicas habrán desaparecido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de enero de 2001