Entrevista:

"Me gustaría que Madrid fuese lo menos ciudad posible"

Cristina García Rodero (Puertollano, 1949) lleva 40 años inmortalizando instantes desde que descubrió, de niña, que la fotografía era una forma mágica de conocer el mundo y relacionarse con sus pobladores. Primero retrató la España oculta, una patria de niños con capuchón, mujeres de mantilla y brazos hercúleos, y campesinos de boina y traje de los domingos. Últimamente ha rastreado esa pureza festiva y ritual en otros páramos, de Grecia a Estados Unidos, de Macedonia a América Latina, pero sin perder el blanco y negro de los orígenes. Ahora, la Photogalería de La Fábrica le homenajea con una retrospectiva y un libro. Ella, premio nacional de Fotografía, lo agradece, pero no pierde la perspectiva y rumia monográficos sobre niños vestidos de angelitos, penitentes y flagelantes. Su obra figura recopilada en un libro de bolsillo que ella califica como "una pequeña y entrañable joya".Pregunta. Sin embargo, usted estudió pintura, ¿verdad?

Respuesta. Sí, pero me fue más sencillo utilizar la cámara que los pinceles. En fotografía soy autodidacta, pero creo que me atrajo la fuerza que tiene la fotografía para comunicarte con lo que tienes delante, para aprenderlo, saborearlo y luego transmitirlo a los demás.

P. ¿Por qué se fija en las tradiciones?

R. Porque en las tradiciones y los rituales está recogida la historia de cada pueblo y las necesidades de las personas.

P. ¿Y qué quiere reflejar?

R. Quiero hablar de la vida a través de un instante concreto. Quiero hablar de lo importante para el ser humano, de la similitud y de las pequeñas diferencias, porque, al final, las cosas importantes son las mismas para todos los seres humanos, en cualquier país y de cualquier raza.

P. ¿Por qué siempre en blanco y negro?

R. Porque, al ser más sobrio, al no tener la sensualidad del color, te ayuda más a que la fotografía en sí o comunique o sea buena, o no tenga ningún otro elemento que la pueda justificar.

P. ¿Cómo retrataría ahora la España oculta?

R. España ha cambiado muchísimo. En los años setenta había pueblos en los que yo era la primera fotógrafa que pisaba por allí y se interesaba por las tradiciones. Ahora, las tradiciones se conocen y todo ha mejorado, las carreteras, los coches, los autobuses, y eso ha hecho que los pueblos hayan perdido la intimidad que tenían antes. Han ganado en esplendor, pero han perdido pureza e intimidad.

P. ¿Y Madrid?

R. Me gustaría fotografiar todo, lo antiguo y lo moderno, pero sobre todo aquello que hace que las personas se sientan unidas por algo para compartir. Me gustaría que fuese lo menos ciudad posible y lo más humana posible.

Retrospectiva de Cristina García Rodero en La Fábrica (calle de la Alameda, 9), hasta el 3 de enero. Libro Photobolsillo: 1.000 pesetas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 29 de diciembre de 2000.

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