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Tres anestesistas de Sagunto, imputados por la muerte en un parto de una madre y su hijo

La mañana del 8 de septiembre de este mismo año fallecían de asfixia durante un parto por cesárea una madre y su bebé de ocho meses de gestación al parecer por un problema de entubamiento durante la anestesia. Con relación a esta muerte estaba previsto que ayer se presentara a declarar ante un juez de Sagunto parte del equipo médico que atendió a la parturienta fallecida, Josefa Cabello Moscoso, de 34 años. El juzgado de Sagunto investigará si hubo o no neglicencia por parte de los médicos que atendieron el parto tal y como sospecha el marido de la víctima, Emilio González.

Las esperadas declaraciones del equipo médico finalmente no fueron posibles al parecer por un problema de agenda del letrado Luis Miguel Romero Villafranca defensor del anestesista Salvador G. T., imputado sobre el que la acusación particular está centrando intensamente sus investigaciones.Se da la circunstancia de que el anestesista Salvador G.T. ya tuvo que enfrentarse en el año 97 a una grave acusación por negligencia médica tras el fallecimiento en extrañas circunstancias de un paciente durante el transcurso de una intervención quirúrgica de rodilla. Dichas diligencias, identificadas con el epígrafe 618/97 e instruidas por el juzgado número 3 de Sagunto, acabaron siendo archivadas. La mujer del anestesista, Concepción B., ha declarado en relación a este asunto que su marido la maltrataba por "su fuerte adicción al alcohol y las pastillas, una situación frecuente en el colectivo médico aunque siempre se oculte y de la que yo misma he sido víctima". Según Concepción B., Salvador G. T. tuvo que ser tratado de su adicción en diversas ocasiones por los servicios de urgencias del SAMU.

Los informes de la autopsia realizada a Josefa Cabello Moscoso y su hijo dos días después de que fallecieran en el Instituto Anatómico Forense desveló que madre e hijo murieron por asfixia. Una de las hipótesis que baraja el letrado de la acusación particular es que dicha asfixia se produjo por algún problema en el proceso de entubamiento hecho durante la anestesia. Los cadáveres presentaban signos amoratados en las orejas y labios como consecuencia seguramente de una falta de ventilación. No obstante, al juzgado de Sagunto todavía quedan por llegar unas muestras toxicológicas que pueden ayudar a esclarecer aún más los hechos.

Emilio González, marido de la víctima, se mostró ayer visiblemente afectado por todo lo sucedido. "Me avisaron en el trabajo", comentó afligido en los pasillos de los juzgados de Sagunto, "de que había habido un problema durante el parto. Cuando llegué encontré a los médicos a la puerta de la sala de partos y me comunicaron que mi mujer y el niño habían fallecido. No lo podía creer. Entré a ver a mi mujer, tenía los labios amoratados, como si se hubiera asfixiado. Quedé destrozado y pedí asistencia psicológica al Hospital de Sagunto aunque nadie supo como facilitármela". González, que se ha quedado al cargo de dos niños uno de siete y otro de diez años, manifestó que espera que "se haga justicia".

Por su parte, la Consejería de Sanidad de la Generalidat valenciana se ha personado en la causa a través de su letrado jefe, José Manuel Merino Cruz, en calidad de eventual o posible responsable civil subsidiario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de diciembre de 2000

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