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EUSKAL HERRIA ESCONDIDA

Una isla donostiarra en Navarra

La finca de Artikutza ofrece un bosque de hayedos y ríos de montaña

En Artikutza parece que no pasa el tiempo, pero es una percepción relativamente contemporánea, desde que el Ayuntamiento de San Sebastián adquiriera esta propiedad en 1919, con el fin de construir un embalse que abasteciera de agua a la ciudad. Hasta aquella fecha, la vida en esta isla donostiarra en territorio navarro era parecida a la que se disfrutaba (o padecía, según) en los valles y comarcas cercanas.Este aislamiento ha conseguido que Artikutza se conserve como una reserva, un territorio extraño, casi iniciático, al que sólo se accede tras pedir permiso a la autoridad. Así es: el interesado tiene que acudir al Servicio de Aguas del Ayuntamiento de San Sebastián (teléfono 943 48 10 00) y allí solicitar un pase para entrar en la finca, teniendo en cuenta que el máximo de personas por día es de 60.

Ya con la correspondiente solicitud en la mano, sólo queda iniciar el ascenso por la carretera interminable hasta que se llega a la puerta por la que se franquea el acceso a estas 3.700 hectáreas. Después de entregar el pase, comienza un recorrido por un lugar casi increíble en el que el automóvil es una excepción, las ovejas no están en rebaños, sino que brincan por las laderas, y el agua y el bosque son los protagonistas.

El óvalo de Artikutza, con un perímetro de 30 kilómetros, perteneció a la colegiata de Roncesvalles desde el siglo XIII al XIX, hasta que llegó la famosa desamortización de Mendizábal que puso las tierras de la Iglesia en manos de terratenientes y aristócratas. Aunque ahora parezca un territorio virgen, en estos terrenos pertenecientes al pueblo navarro de Goizueta está documentada la presencia humana desde el Neolítico.

De este modo, las costumbres y formas de vida son similares a las que se pueden encontrar en otras comarcas cercanas. En Artikutza se han descubierto dólmenes y cromlechs (esas distribuciones circulares de piedras tan queridas por los etnógrafos vascos) y hay vestigios de población pastoril en la zona, que ahora parece increíble.

Pero lo que sí se mantiene todavía en el recuerdo, con ruinas más que explícitas, es la explotación de ferrerías. La finca tiene esos dos componentes citados -el agua y los bosques- que la hicieron más que atractiva para aquellos que comenzaron a trabajar en la industria del hierro. Se reconocen, documentadas, hasta cuatro ferrerías hidráulicas, situadas en los parajes de Urdallue, Elama, Gizarin y el propio Artikutza, núcleo poblacional del lugar. A estas industrias les acompañaban otras habituales en el entorno, como hornos caleros, alfarería y carboneras.

Esta intensa actividad, que en el siglo XIX estuvo acompañada de la estrictamente maderera, se muestra hasta fantástica para el visitante del año 2000. Para circular por las pistas que surcan la propiedad es imprescindible el moderno todoterreno. Y así y todo, hay que conducir con cuidado. De ahí que sólo imaginar cómo sacaban el hierro los ferreros provoque sudores en el visitante. Más incluso que los que le producen los paseos por estos bosques de hayas, robles, pinos y alisos.

Hay que tener en cuenta que la concepción del tiempo ha cambiado radicalmente. El testimonio de Pello Zabaleta, un leñador que vivió a principios de siglo en Artikutza es más que significativo: para ir a trabajar hasta una serrería en la localidad de Olazuita tenían una hora de camino. Trabajaban de sol a sol y los domingos acudían a misa a Goizueta, que está a hora y media andando.

Pello Zabaleta, que tenía dotes de bertsolari, cuando dejó este trabajo y se marchó a Rentería dejó dichos unos bertsos que muestran a las claras cómo era aquella vida: "Gure bizi-modua Artikutz mendiyan lana galanki egiñ ale miseriyan... lasaiago bizi nauk gaur Errenteriyan!" ("Ésta fue nuestra vida en los montes de Artikutza: trabajar como bestias y no salir de la miseria... ¡Cuánto más descansadamente vivo hoy en Rentería!")

Después de conocer esto es fácil, paseando camino de Urdallue, o ascendiendo a las cimas de Izu o Bentzuntze, imaginarse el trajín de aquellos ferrones y leñadores que hoy son la sombra de los elegidos excursionistas que llegan al lugar.

Los datos

Cómo llegar: La finca de Artikutza se encuentra al final de una carretera de montaña que parte de Oiartzun. Para llegar, el camino más fácil es por la A-8 hasta Oiartzun, y desde aquí, por la GI-3633, a Artikutza.Alojamiento: En Oiartzun hay dos hoteles: Lintzirin (tel. 943 492000) y Gurutze berri (943 490625). Además, cuenta con tres casas de agroturismo: Arkale-zarra (943 490065), Arri-gain (943 491104) y Peluaga (943 492509).

Comer: Es inevitable citar el Zuberoa (943 491228), uno de los mejores restaurantes de España. Otros locales destacables son el Fortaleza (943 491029) o el Atamitx (943 491196).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 2000

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