Rusia da por finalizadas las operaciones de rescate del 'Kursk'

Comisión investigadora

La plataforma Regalia, desde la que se ha dirigido la operación de rescate en el interior del sumergible nuclear ruso Kursk, que se precipitó el 12 de agosto al fondo del mar de Bárents, emprendió ayer viaje hacia su base noruega, después de que se recuperasen los cuerpos de tan sólo 12 de los 118 tripulantes atrapados a 108 metros de profundidad. Los submarinistas rusos y noruegos rindieron con un minuto de silencio y una ofrenda floral su último homenaje a los marineros. Uno de los rescatadores aseguró que se ha hecho todo lo posible, incluso más. La promesa del presidente ruso, Vladímir Putin, de recuperar todos los cuerpos no ha podido ser cumplida, aunque nadie se lo va a reprochar. Incluso entre los familiares de los tripulantes predomina la opinión de que el mejor ataúd para un marino es el fondo del mar.

El fin de la operación se atribuyó al mal tiempo, a la imposibilidad de que los buzos se abran paso hacia las zonas en las que se halla la mayoría de los cadáveres y al riesgo que supondría abrir nuevos agujeros en el casco para izar en el futuro la nave hasta la superficie, lo que se intentará el próximo verano. Las tareas en el compartimento número 4 tuvieron que cesar, cuando apenas si se había podido avanzar dos metros, ante el elevado riesgo de accidentes fatales.

El fin del rescate, días antes de que caducase el contrato con la firma norteamericana Halliburton, que gestiona la plataforma noruega, frustró las expectativas abiertas por el rescate de los primeros cadáveres, en uno de los cuales se encontró un mensaje que demostraba que hubo supervivientes a las explosiones que destruyeron la nave, aunque no aclaraba durante cuánto tiempo. En las últimas semanas se han multiplicado las especulaciones de que el objetivo de la operación (muy costosa y arriesgada) no era buscar cadáveres, sino pruebas de las causas del accidente.

Hoy se reúne la comisión investigadora, que preside el vicejefe de Gobierno Iliá Klébanóv, quien, al comienzo de la operación, aseguró que, precisamente el 8 de noviembre, se informaría de las causas de la catástrofe. El hecho de que se trate del día siguiente a las elecciones presidenciales estadounidenses ha resucitado la hipótesis de que existe un pacto entre las dos superpotencias atómicas para ocultar, hasta que se sepa quién será el relevo de Bill Clinton, que el Kursk se fue a pique tras chocar con un submarino estadounidense. La hipótesis de colisión con un sumergible de la OTAN que espiaba las maniobras rusas en el mar de Bárents es defendida con ahínco por el jefe de la flota, almirante Vladímir Kurayédov. La OTAN rechaza esta versión y muchos expertos achacan el accidente a la explosión de un torpedo en pruebas, a la colisión con un navío "amigo" o a un fallo de mantenimiento.

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