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No es moderno

Técnicos municipales rechazan por arcaico un reloj de cartón para controlar la carga y descarga

Tormenta de cerebros municipales: buscan un método que permita resolver el caos que se vive en las esquinas del Eixample barcelonés. Allí, en espacios teóricamente reservados a la carga y descarga, un día sí y otro también se apalancan furgonetas sin que haya manera de echarlas.La ley es clara: los vehículos autorizados disponen de media hora para realizar las tareas de carga. El asunto es ¿cómo se controla que no superen ese tiempo? Algunos cerebros echaban humo y otros no echaban nada. Finalmente alguien tuvo una idea sencilla:

-Pero si ya está inventado. Se puede utilizar el reloj de cartón que empleaban los coches en los años setenta.

Perplejidad. La solución es tan simple, tan barata, tan al alcance de la mano, que apenas hay respuesta.

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Al fin, uno de los cerebros, que hasta el momento dormitaba, se sacude el letargo:

-No puede ser.

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-¿Por qué?

-Al alcalde no le gustará.

-Pero ¿por qué?

-No es moderno.

Esa objeción es definitiva.

Con todo, algunos tratan de salvar la idea. Quizá aplicando un poco de tecnología, quizá haciendo que el reloj en vez de ser de cartoncillo sea de plástico y con pilas, que tenga lucecitas que indiquen los minutos.

Nada: las pilas tampoco son modernas.

Alguien añade otra posibilidad: una placa solar que alimente al chisme. Eso es moderno, sostenible. Puede costar unas tres mil pesetillas por cacharro, pero no es mucho si se tiene en cuenta lo que de innovación, modernidad y aun posmodernidad endeble representa.

Al fin, la razón se impone y se desecha el cachivache.

La reunión, que es la enésima en la que se debate el mismo problema del tráfico barcelonés, acaba casi sin acuerdo. Pero al fin alguien hace una nueva aportación: se puede instalar una célula fotoeléctrica en el bordillo de la acera para que detecte el metal del coche. La célula tendrá dos luces (una roja y otra verde) y estará dotada de un reloj programable. Al detectar el metal se pondrá verde y, pasadas media hora, cambiará a rojo. Así permitirá que los agentes denuncien al conductor por sobrepasar el horario.

El coste de la instalación ronda las 80.000 pesetas por plaza. Se amortiza con cuatro multas y, desde luego, es mucho, pero que mucho más moderno que un relojito de cartón.

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