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Pamplona exhibe la búsqueda del vacío en la pintura más reciente de José María Yturralde

Un hombre a punto de encontrar la puerta de acceso al vacío; una pintura despojada de argumento y que constituye su propio soporte físico. De esta forma describen los expertos más cercanos el resultado de la trayectoria artística de José María Yturralde (Cuenca, 1942), cuyos últimos trabajos pictóricos, "filtros" de estímulo para la reflexión personal, en palabras del propio autor, se exhiben desde ayer en la galería de Caja Navarra (García Castañón, 1), en Pamplona. El artista regresa así a Navarra, treinta años después de su primera exposición.

En estas tres décadas, Yturralde ha paseado por todo el mundo con gran éxito sus figuras imposibles, sus estructuras volantes, sus preludios y sus más recientes interludios en un proceso de depuración creativa que asombra."Soy un humilde devoto de Oteiza en su línea de desocupación del espacio", reconoció ayer el artista durante la presentación de la muestra.

Yturralde, catedrático en el Área de Conocimiento de la Pintura de la Universidad de Valencia, es uno de los principales expertos europeos en la teoría del color, además de haber sido pionero en el uso de las computadoras, las matemáticas, la geometría proyectiva o la psicología de la percepción al crear sus obras.

Los 20 acrílicos sobre lienzo que integran la exposición vuelven a sorprender. El comisario de la muestra, Carlos Catalán, señaló que la pintura de Yturralde "sobrecoge" y "abruma" al espectador. El propio Yturralde reconoció que sus obras deben ser contempladas en varias ocasiones sucesivas, sin prisa alguna. "Mis cuadros son un estímulo para reflexiones que no deben ir dirigidas estrictamente hacia lo que la pintura significa o muestra", señaló Yturralde, "sino que actúan como filtros para penetrar en nuestra propia mente y crear una trascendencia emocional, poética, que tiende a la plenitud profunda del ser en la energía del vacío universal".

La perfecta serie repetida de lienzos cuadrados, ostentosas superficies de difuminados contornos y efectos fluorescentes, crean un aura de misterio que el autor condensa como resultado de toda una vida de fascinada búsqueda de paisajes interiores "cuya resonancia emocional", señala Carlos Catalán, "procede del escenario íntimo, privado, que el autor ha creado en su ascético proceso de desmaterialización".

Informalista en sus inicios, con largos periodos dedicados a la investigación y a la experimentación holográfica y al empleo del láser, Yturralde, fascinado por el universo geométrico, ha decantado su experiencia vital en el lienzo hasta acercarse lo más posible a lo fundamental, lo primigenio. Su antológica más importante, celebrada en el Centre Julio González del IVAM entre diciembre y febrero pasados, constituyó un rotundo éxito. El propio Yturralde escribió en su diario personal en la entrada correspondiente al pasado 6 de septiembre, jueves: "Tanto la forma como el color fluyen ahora por los cauces de la emoción y la sensibilidad en los dominios del misterio y lo inexplicable".

Es el reduccionismo llevado al límite, hasta los umbrales del vacío, que Yturralde expone en Pamplona hasta el 12 de noviembre próximo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 2000

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  • La muestra, con la que el artista vuelve a Navarra después de 30 años, reúne 20 obras