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Las matrículas

En aquellos días se hablaba mucho del asunto de las matrículas, de si las placas de los coches tenían que llevar sólo un número y el distintivo del país, o unas iniciales y la bandera de su comunidad autónoma, o dos banderas y una cifra en clave, o tres letras y el escudo de la ciudad...; de forma que, una tarde, al salir de la escuela, mi hijo me preguntó de qué iba todo ese asunto. Intenté explicárselo y él se fue a su habitación a hacer un dibujo, que es lo que hace siempre que quiere asegurarse de que ha entendido una cosa: coge unos rotuladores, se va a su cuarto y la dibuja. Media hora después me enseñó un par de viñetas en las que se veía un coche que llevaba en la matrícula a Spiderman y otro coche que llevaba en la matrícula a Bob Dylan. Lo de Bob Dylan era porque acabábamos de llegar de ver un concierto suyo en Dublín y los dos estábamos muy enamorados de él. Y en cuanto a lo de Spiderman, no hace falta explicarlo. Los dos dibujos me gustaron mucho, de manera que mi hijo me los vendió por cien pesetas. Eso también lo hace con frecuencia, dibuja unas cuantas cosas, construye otras cuantas con maderas o con barro, hace una pila con los tebeos antiguos y monta una tienda para que le compremos la mercancía. Eso está bien, los grandes hombres se construyen a sí mismos desde abajo. Algunos, de hecho, desde muy, muy abajo.La cuestión es que al rato, mientras miraba los dos dibujos, se me ocurrió que quizá lo de Spiderman y lo de Bob Dylan no fuese una mala idea. ¿Y si nos dejamos de toda esa historia de la nación contra las comunidades autónomas y vamos a lo más útil, a lo más inmediato? ¿Por qué conformarse con añadirle a la placa el distintivo autonómico? ¿Por qué no comercializar matrículas personalizadas? ¿Por qué no darle a la gente lo que la gente quiere, lo que es más suyo, los símbolos que le son más cercanos? Por ejemplo, los feligreses de un pueblo podrían llevar en la matrícula un relieve con la silueta de la ermita de su parroquia o un Sagrado Corazón de Jesús. Las personas que vivan en un pueblo rico en tierras de cultivo podrían añadirle al número de la placa unos haces de cebada o unos girasoles o unas viñas. Incluso, los simpáticos mozos de ese pueblo en el que, cuando llegan las fiestas patronales, tiran una cabra viva desde el campanario, podrían ponerle eso a la matrícula de sus coches o de sus furgonetas: una cabra cayendo desde la torre de la iglesia.

Los políticos, sobre todo los locales, también podrían sacarle tajada a nuestra idea. ¿Se imaginan todos los coches de Madrid llevando en la matrícula un número, unas siglas, la bandera de Europa, la Puerta de Alcalá y un perfil de Álvarez del Manzano? O, si me apuran, también podrían fabricarse chapas más grandes, unas en las que cupiera todo eso junto a algún capricho, no sé, el escudo de armas de la familia o un grabado con las ocho Copas de Europa del Madrid. ¿Por qué no iba a poderse hacer todo eso? ¿Por qué coartar la libertad regional en nombre del Estado? Y la cosa no se quedaría ahí: una vez conseguido el asunto de las matrículas, el siguiente paso sería cambiar el código de circulación. Por ejemplo, en Cataluña no se conduciría por la derecha y se adelantaría por la izquierda, como en Madrid, sino al contrario, para que en cuanto uno entrara en Tarragona quedase claro que ya no estaba en España. ¿No lo hacen así los ingleses? ¿Acaso no acabábamos de verlo hacer de esa manera, mi hijo y yo, en Irlanda? En el País Vasco, la señal de ceda el paso no sería tringular, sino cuadrada. Etcétera, etcétera.

Me quedé dormido mientras pensaba en todo eso. Tenía puesta una cinta con el concierto de Bob Dylan en Dublín y se empezó a hacer de noche y la cinta daba vueltas y más vueltas y Bob Dylan estaba cantando Rainy day women y dijo: "Te apedrearán cuando trates de ser bueno, / te apedrearán tal y como dijeron que harían. / Te apedrearán cuando trates de ir a casa. / Te apedrearán cuando te quedes solo. / Te apedrearán cuando vayas andando por la calle. / Te apedrearán cuando trates de conservar tu asiento. / Te apedrearán cuando camines. / Te apedrearán cuando vayas a abrir la puerta. / Te apedrearán y te dirán que es el fin. / Te apedrearán y luego te desearán buena suerte". Esa noche tuve una pesadilla. Luego, me desperté y empecé a escribir este artículo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 20 de septiembre de 2000.

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