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VUELTA 2000 Novena etapa

Olano irrumpe sin avisar

La crono de Tarragona da el liderato al corredor del ONCE, que superó a Ullrich y destrozó a Zülle

Las contrarreloj despejan dudas, normalmente. La de Tarragona las añadió. Parecía seguro que Zülle llegaría a los Pirineos de amarillo. Su ventaja superaba el minuto con respecto al siguiente, Olano. El entusiasmo y las dotes de rodador del suizo no hacían presagiar cambios sustanciales. Pero los hubo. Tanto como que hoy volverá a correr entre el pelotón con el maillot blanco y azul del Banesto. Ni un ribete amarillo en su vestimenta. Ese color lo llevará Olano, el corredor aparentemente menos fervoroso de la Vuelta, quien menos entusiasmo exteriorizaba. El más escondido. Iba segundo, y pasaba desapercibido. Se apartaba de las apuestas.Todos los órdenes de la carrera se invirtieron. Había seis corredores en escena: Zülle, Heras (los más vistosos de la primera semana), Ullrich, Igor González de Galdeano (dos corredores corpulentos que esperaban irrumpir en esta etapa), Olano y Casero, los más discretos. Uno, porque dice estar cansado de arrastrar una temporada larga, con muchos kilómetros y todavía dos citas importantes por delante, los Juegos y el Mundial. Casero, porque él nunca hace ruido. Nunca gana etapas. Lo suyo es la regularidad sin brillo. Nunca sale en las fotos, porque siempre persigue alguna rueda. Pero los pronósticos volcaron. Olano es el líder tras una victoria incuestionable y Casero alcanza el segundo puesto a su manera.

Sin embargo, mirando con lupa la contrarreloj, pueden explicarse ciertos resultados. Las sorpresas no lo son tanto. Si Olano podía triunfar en alguna etapa, era la de Tarragona. Había motivos: un terreno difícil, sólo aptos para expertos; un ex campeón del mundo contra el reloj; un día clave para probarse con vistas a Sydney. Olano volvió a hacer lo que mejor sabe. Ganó y sin necesidad de fijarse en sus pulsaciones. No se colocó el contador de latidos.

Disponía, además, de las excelentes referencias de su compañero Santos González. El alicantino, otro especialista en estas etapas, se ha colado en el grupo de seis. Ahora el abanico de candidatos se ha ampliado. Suman siete. Entre ellos, Ullrich. Para él, no ganar una contrarreloj supone acercarse al fracaso. Y si le superan cinco corredores en la línea de meta, aún más. Pero no hay que fiarse de los resultados. El alemán pudo acabar más arriba (cedió 1.01). Un pinchazo se lo impidió. No sólo le privó de 30 segundos menos, sino que le cambió el ritmo. No acabó tan revolucionado como se espera de un campeón del mundo en ejercicio. Ullrich sigue sin enseñar todas las fuerzas que ha traído a la Vuelta. Y un recordatorio: el año pasado, en la contrarreloj de Salamanca, Olano -que también ganó- le superó en 57 segundos, sin pinchazos de por medio. Y Ullrich terminó paseándose en Madrid.

Ullrich sigue, por tanto, sentado en la sala de espera de la Vuelta, esperando su turno. Zülle ha ido directo al diván. Él, el mejor de la carrera hasta ayer, un supuesto líder sólido, perdió más de dos minutos. Sólo aventajó en 13 segundos a Heras. Casi una humillación para un buen contrarrelojista. Nadie sabe qué le ocurrió. Nadie ofrece una explicación fiable. Habrá que recurrir a la psicología para comprobar qué pasa por la cabeza del suizo a partir de hoy. Si se recupera o no. Pero no olvidará Tarragona, y sus curvas. Zülle -miope de considera-ción- no se siente a gusto en terrenos que exigen pericia con el manillar. Perdió el ritmo, si es que alguna vez lo tuvo, se sintió a disgusto encima de la bicicleta, tiró el casco porque le sobraba, perdió la postura y también el liderato.

La contrarreloj no ha destapado diferencias irrecuperables para ninguno de los implicados. Entre Olano y Heras -séptimo- median 2.41. Ningún corredor de los que llegó a Tarragona se ha quedado por el camino. Así que la Vuelta sigue abierta. Galdeano, como Zülle, rindió ayer menos de lo programado. Aunque su crisis no está rodeada de tantas incertidumbres. Si se compara con el Igor del año pasado, maneja unos márgenes parecidos. ¿Y Heras? No por ser el último en llegar en la contrarreloj se le debe obviar. Al contrario. Su registro sigue evidenciando que cada día aprende una lección más en esta especialidad. Perder 2.17 significa para él casi tanto como la victoria de etapa para Olano. Las concesiones que ha dado al resto antes de la montaña son mínimas. Y ahora el pelotón llega a su terreno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de septiembre de 2000