'Ocupados' por sus propias tropas

Las patrullas militares en las calles de Belfast, impuestas en los peores años de enfrentamientos entre católicos y protestantes, en los setenta, se convirtieron entonces en un gigantesco símbolo de ocupación. Nadie podía tomarse tranquilamente una guinness en un pub de la capital norirlandesa sin ser vigilado por esas tanquetas armadas que se instalaban silenciosamente en el asfalto bajo las lluvias que azotan la isla.Cuando las cosas empezaron a ir bien, en 1998, después de que unionistas y católicos sellaran un acuerdo de paz que aceptó mayoritariamente la población, y cuando desapareció la violencia de Belfast, el jefe de la policía de Irlanda del Norte, Ronnie Flanagan, hizo un anuncio solemne: se acabaron las patrullas militares. Al menos, hasta nueva orden.

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Aquella noticia fue festejada en las calles con una gran alegría. En aquel momento, la esperanza hizo volver a la provincia a numerosos exiliados y puso motores al crecimiento económico. La paz encontró su mejor hito el año pasado, cuando el Ejército no registró ni un solo muerto en sus filas.

Hoy, el Ejército británico vuelve a patrullar las calles lluviosas de Belfast, pero esta vez no es para vigilar a los católicos sospechosos de apuntarles con un arma. Sino a los suyos. A los paramilitares probritánicos recién salidos de prisión, beneficiados por la excarcelación temprana prevista en el auerdo de paz, y que parecen empeñados en seguir vaciando el cargador. En los últimos tiempos, ya no atacan a católicos, sino que se matan entre sí. Estos duros paramilitares, semirrapados, imponentes, con grandes tatuajes tan vistosos como los murales probritánicos que pintan en Shankill Road, son el objetivo militar. Y de nuevo surge la pregunta: ¿Por qué nadie se preocupó de su desarme, y sí, y solamente, del del IRA?

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de agosto de 2000.

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