Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
VIAJE AL FUTURO

EL OBJETO MÁS COMPLEJO DEL UNIVERSO

Comprender cómo funciona el cerebro es una cosa; comprender cómo nos convierte en los seres que somos es otra cuestión. El científico Steve Pinker explica la diferencia.

Imagine esta escena del futuro. Usted está mirando fijamente una pantalla que parpadea con puntos blancos. Los científicos han ocultado uno de cada dos los patrones entre los puntos. Pero no necesita decirles a los científicos qué es lo que está viendo: ya lo saben.Están mirando las señales eléctricas de una de las miles de millones de células de su cerebro. Cuando la célula se enciende, usted ve un patrón; cuando deja de hacerlo, ve otro. Su conciencia puede ser leída en una sola neurona. Ahora, en un experimento aún más inquietante, envían una corriente eléctrica a las neuronas de esa parte de su cerebro y, al apretar un botón, le hacen ver un patrón o el otro.

Estas proezas de lectura y control de la mente a niveles minúsculos no son fantasías. Ya han sido realizadas por el neurocientífico de la universidad de Stanford William Newsome. No con gente, por supuesto, sino con monos. Pero pocos científicos dudan que este experimento funcione con nosotros.

Éste es sólo un ejemplo de lo mucho que hemos aprendido sobre el funcionamiento del cerebro en los últimos 10 años, un periodo de intensa investigación que fue proclamado por el Congreso de Estados Unidos y por su presidente como la "década del cerebro". Cada faceta de la mente, desde las imágenes mentales al sentido moral, pasando por recuerdos triviales a los actos propios de genios, ha sido relacionada con regiones de actividad real neuronal. Mediante una nueva técnica de exploración que mide el flujo sanguíneo, los científicos pueden saber si el cerebro está imaginándose un rostro o un lugar. Pueden inutilizar un gen y evitar que un ratón aprenda, o insertar copias adicionales y hacer que aprenda mejor. Pueden ver las encogidas arrugas que permiten a un asesino matar sin tener conciencia y las arrugas super desarrolladas que permiten a un sabio deducir los secretos del universo.¿Hasta dónde llegará esta revolución? ¿Llegaremos a entender alguna vez el cerebro tan bien como entendemos el corazón, por ejemplo, o el riñón? ¿Dispondrán los científicos locos o los dictadores de los medios para controlar nuestros pensamientos? ¿Explorarán los neurólogos nuestros cerebros y duplicarán el conjunto de conexiones en un microprocesador de silíceo, proporcionando a nuestras mentes la vida eterna?

Nadie lo puede saber. El cerebro humano es el objeto más complejo en el universo conocido, con miles de millones de chisporroteantes neuronas conectadas por billones de sinapsis. Ningún problema científico se le puede comparar. Sería una estupidez predecir que nunca comprenderemos cómo el cerebro da origen a la mente. Pero el problema es tan difícil que sería igual de estúpido predecir que lo lograremos.

Seguimos sin tener ni la más remota idea de cómo el cerebro representa el contenido de nuestros pensamientos y sentimientos. Sí, puede que sepamos en qué región se producen los celos, pero dónde no es lo mismo que cómo. No sabemos cómo establece el cerebro las conexiones lógicas entre las ideas que determinan la diferencia entre "Burr mató a Hamilton" y "Hamilton mató a Burr", entre la imagen de una persona que pestañea para volver a colocarse una lente de contacto o la de una persona que pestañea para seducir. Estas diferencias no aparecen como manchas en una exploración del cerebro. Se originan en los microcircuitos del cerebro humano vivo y la mayoría de la gente no quiere donar sus cerebros a la ciencia hasta después de haber muerto (como decía Woody Allen, "es mi segundo órgano preferido"). Puede que el contenido del pensamiento siga durante mucho tiempo perteneciendo más al campo de los psicólogos que estudian el software del cerebro que al de los neurobiólogos que estudian el hardware.

Otro reto es comprender cómo el simple movimiento rápido de iones y la excreción lenta de fluidos neuronales puede crear la intensa experiencia subjetiva en tiempo presente y en primera persona de colores, sonidos, picores y conceptos que forman el yo, o el alma, si prefieren. No hay duda de que la actividad fisiológica del cerebro es la causa de la experiencia. Los pensamientos y los sentimientos pueden ser puestos en marcha, detenidos o alterados por la electricidad y por los medicamentos y emiten señales que pueden ser leídas con electrodos y otros instrumentos. También tengo pocas dudas de que resolveremos el misterio de la conciencia, en el sentido de que los acontecimientos que se producen en el cerebro guardan relación con la experiencia. Basta comparar la actividad cerebral entre una persona despierta o una anestesiada, o entre un golfista novato que piensa en su golpe y un profesional que lo hace de forma automática.

Pero saber por qué algunos tipos de actividad cerebral representan algo para usted -o más precisamente, son usted- es otra cuestión y los científicos no se ponen de acuerdo en cómo responder a ello. Algunos dicen que esta experiencia subjetiva no puede ser observada y no es un tema propio de la ciencia. Algunos dicen que dado que podemos distinguir los procesos conscientes del cerebro de los inconscientes y mostrar cómo interactúan para provocar el comportamiento, no queda nada por explicar y que la gente que busca algún ingrediente adicional se confunde. Algunos reconocen que la perceptibilidad sigue siendo un misterio, pero esperan que un genio que aún está por nacer nos la explicará algún día. Otros sospechan que el cerebro no evolucionó para proporcionar la respuesta, como tampoco puede concebir lo que había antes del Big Bang o la forma de un universo curvo de cuatro dimensiones.

Si usted cree que la respuesta es obvia, entonces está preparado para el triunfo final de la ciencia del cerebro del mañana. El escáner de sinapsis ha sido perfeccionado y usted puede guardar una copia de seguridad de su mente en un microprocesador que sobrevivirá a su cerebro. Por desgracia, el escáner destruye el tejido que analiza, así que usted tiene que elegir entre su viejo cerebro y uno nuevo. El nuevo cerebro reaccionará y se comportará exactamente igual que usted pero, ¿será usted? Si responde afirmativamente, ¿tiene la suficiente confianza como para meterse en el escáner?

© Time.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de agosto de 2000