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La larga mano de las tríadas

La mitad de los 40.000 chinos que viven en España trabajan como esclavos para 400 mafiosos de su país

Cuando la mujer del empresario Xi Min, de 40 años, abrió la nevera de su restaurante, encontró el cuerpo de su marido congelado y cosido a puñaladas. Sucedió el martes en la localidad madrileña de Alcalá de Henares. El crimen ha puesto bajo un foco a la hermética comunidad china en España. La policía calcula que la mitad de sus 40.000 componentes son ilegales esclavizados por 400 miembros de las tríadas (organizaciones mafiosas) dedicadas al tráfico de personas, un negocio que les reporta tantos beneficios como la droga y que está menos castigado penalmente.La mitad de los 40.000 chinos que residen en nuestro país se han establecido en Madrid y Barcelona. Cerca de 15.000 trabajan como esclavos en talleres clandestinos. Los demás, muchos de ellos propietarios de restaurantes, son con frecuencia víctimas de la extorsión de las tríadas. La policía sospecha que algunos de estos establecimientos sirven para blanquear dinero.

Un informe de los agentes británicos destinados hasta 1997 en Hong Kong afirma que una de cada cien personas que abandonan la República Popular China pertenece a las tríadas. Estas organizaciones, cuyo origen se remonta a los grupos patrióticos que lucharon en el siglo XVII contra los emperadores manchúes, han aprovechado su carácter secreto para reconvertirse en mafias. En nuestro país reina la llamada 14K (14 kilates), que tiene su sede en Amsterdam y extiende sus tentáculos por todo el mundo.

Desde el pasado 1 de enero hasta ayer, EL PAÍS publicó 394 anuncios por palabras de chinos que afirmaban haber extraviado su pasaporte. El número de pérdidas no tiene parangón con ninguna nacionalidad. Según explicaba nerviosamente una mujer que acudió el viernes a la sede del diario para insertar uno de estos reclamos, su Embajada les exige cumplir este trámite, tras la obligada denuncia en comisaría, para proporcionarles una copia del documento. La policía cree que los originales sirven para introducir a inmigrantes ilegales. Las tríadas también contratan a magrebíes para que roben pasaportes de turistas orientales que visitan nuestro país. Según fuentes policiales, les pagan entre 25.000 y 30.000 pesetas por cada uno.

Los documentos son enviados a través de empresas de correo urgente a Bankok. Allí, auténticos virtuosos sustituyen la página biográfica y la fotografía del original. "Suelen ser tan buenos que necesitaríamos estudiar el pasaporte durante 24 horas para confirmar que ha sido manipulado", afirma un inspector de la Comisaría General de Extranjería y Documentación.

Las tríadas actúan con gran rapidez. A principios de julio un japonés denunció que le habían robado la documentación frente al museo del Prado. Quince días más tarde, los agentes detuvieron en Barajas a un hombre que pretendía entrar en el país con el mismo pasaporte.

El 80% de los chinos que viven en España proceden de la provincia de Zhejiang, una zona agrícola del sur de la República Popular. Allí y en la vecina Fujian actúan los captadores de la organización. A cambio de una entrada en metálico se ofrecen a introducirlo en occidente. La diferencia entre el abono inicial y el coste total de la operación (entre cuatro y seis millones de pesetas) deberá abonarla después trabajando para la mafia. Si no cumple las condiciones, su familia pagará las consecuencias.

Después entran en acción los pasadores, expertos en franquear fronteras que acompañarán al cliente en todo el trayecto. Según la tarifa abonada, el ilegal llegará a España en avión y con pasaporte falso, o bien indocumentado, a través de una complicada ruta terrestre que incluye países del Este con paradas en casas de la organización.

Los que entran por vía aérea traen billete cerrado de ida y vuelta y lo que en el argot policial se denomina la bolsa de viaje: unos 2.000 o 3.000 dólares en efectivo o cheques de viaje, requisito para permanecer en nuestro país durante tres meses.

En cuanto el ilegal ha franqueado la aduana, el pasador le retira el pasaporte y el dinero. Hacinado con en habitaciones inmundas, el inmigrante trabajará jornadas de 18 horas hasta que salde su deuda con la organización. Ésta procurará aumentar su tiempo de esclavitud, exigiéndole más dinero para nuevas gestiones (varios médicos españoles han sido detenidos este año por proporcionarles certificados falsos para demostrar su estancia en el país durante el periodo de regularización), o estimulando su afición al juego (el 3% de los clientes del Casino Gran Madrid son chinos). Le prestará dinero a interés leonino y le indicará las trastiendas de los restaurantes en los que cada vez se empeñará más apostando al Ma-Jiong, un juego de fichas. El contrato de esclavitud puede prorrogarse entonces indefinidamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de agosto de 2000