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Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Diario de un pueblo

Berantevilla, 250 habitantes, ocho de la tarde de un día de agosto del año 2000. La inmensa mayoría de los vecinos se concentran a las puertas de la iglesia, en silencio, sin medios de comunicación, sin figuras políticas. Gente sencilla, apolíticos la mayoría. Todos amantes de un pueblo que anhela la paz y la libertad.El motivo de la concentración, el mismo que el resto de los pueblos de Euskal Herria: solicitar clemencia para que cese la vejación sobre un pueblo que quiere vivir en paz y libertad; dar a conocer abiertamente a ETA y su entorno que la violencia, el terror, el asesinato, no sirven para solucionar los problemas del pueblo vasco; manifestar su deseo de que cada uno pueda defender su pensamiento en libertad.

Al mismo tiempo, en Zumaia, miles de personas, se preguntan: ¿qué ha hecho mal este hombre para que los justicieros le condenen a muerte?.

En otros lugares, los libertadores rinden homenaje a sus cuatro compañeros por otras muertes innecesarias también. El homenaje consiste en destruir lo que tanto esfuerzo está costando construir, el bienestar, la democracia. Queman autobuses, sedes de partidos políticos, viviendas, oficinas (las suyas no, por supuesto). Sus dirigentes dicen que la culpa la tienen otros. Ellos no tienen ninguna responsabilidad, pero su lema es amedrentar al pueblo. Su objetivo, liberar Euskal Herria.

El pueblo silencioso se pregunta: ¿qué Euskal Herria buscan?, ¿una Euskal Herria bañada de sangre en la que no puedan brotar nuevas semillas?, ¿una Euskal Herria oprimida por los libertadores en la que no se te permite expresar tu pensamiento si no compartes el suyo?

Amanece un nuevo día. Las noticias se repiten. El pueblo nuevamente se concentra en silencio para condenar otra muerte injusta. Del profundo silencio se escucha una voz dolorida: "ETA ya basta, deja hablar al pueblo".

El pueblo sigue condenando tanta atrocidad, incluso dispuestos a olvidar esta barbarie. Los libertadores no escuchan. Piensan: "Hay que conseguir que el pueblo se rinda", "el pueblo no puede decidir qué Euskal Herria quiere", "ya le daremos nosotros esa Euskal Herria virtual que proponemos".

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El autor del diario se pregunta: ¿cuánto tiempo vamos a seguir escribiendo este diario?

Para superar esta situación insostenible, los partidos tienen que reunirse sin condiciones previas y sin exclusiones. La sociedad lo está demandando con insistencia. Los divos que ofrecen diálogo, pero no dialogan están obligados a bajar del su pedestal en que se han subido y, dejando a un lado su estrategia de insulto y confrontación, deben abrir vías de entendimiento, respetando las aspiraciones legítimas de todos para que los demás respeten las suyas.

Los otros, los que de una forma u otra dan cobertura a los violentos, tienen que ser valientes y superar el síndrome Yoyes al que están sometidos. La valentía que reclaman para otras formaciones la tienen que asumir ellos mismos porque en el fondo deben saber que un pueblo oprimido, construido con terror y sangre, es un pueblo dividido en el que la convivencia va a ser imposible.

No debemos legar a nuestros hijos un pueblo cargado de odio. Euskal Herria no se lo merece. Para que no se escriba más ese diario, por favor, hablemos entre todos y dejemos hablar al pueblo.- Jesús María Alonso Vallejo. Berantevilla (Álava).

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