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Reportaje:VERANO SOLIDARIO

Sonrisas contagiosas

Una pequeña mosca, mutu-mutu para los guineanos y simulium damnosum en términos científicos, es la primera causa de ceguera en África. Si en lugar de en los ojos, la filaria se instala en otra parte del cuerpo puede provocar elefantiasis y otras graves deformaciones. Esta temida enfermedad, llamada oncocercosis, es endémica en Guinea Ecuatorial -Fernando Poo cuando era colonia española- y afecta a un 75% de los habitantes de este pequeño país.La tarea de la doctora María José Sánchez, nacida en Madrid pero sevillana desde los seis años, ha sido doble desde que aterrizó en Malabo, capital de Guinea, en noviembre de 1999. La doctora, que trabaja en el Centro de Transfusión de Sangre del Servicio Andaluz de Salud (SAS) de la capital hispalense desde 1990, ha tenido no sólo que diagnosticar y tratar a los afectados por la oncocercosis, sino que también convencerlos de que no han enfermado por "cosas de magia" y que pueden curarse si toman con regularidad unas "pastillitas".

"El problema de la mayoría de los afectados es el aislamiento. Viven en poblados en medio de la selva a varias horas en coche de cualquiera de los dos hospitales de Bioko -no porque estén muy lejos, sino por el mal estado de las pistas de tierra-, y en sociedades rurales todavía muy apegadas a los curanderos", explica María José Sánchez que acaba de volver a Sevilla, después de trabajar nueve meses en el Proyecto de Lucha contra la Oncocercosis y otras Filarias en Malabo. La doctora sevillana decidió que quería involucrarse en este tipo de proyectos tras su primera visita a África. En 1992 pasó unas vacaciones en Malí y conoció a varios cooperantes; fue allí donde se contagió y no precisamente de malaria, ni de oncocercosis, sino de solidaridad.

Después de comprobar lo que un médico podía ayudar a la gente que vive al borde de la miseria, no paró hasta conseguirlo. En 1996 se especializó en Medicina Tropical en la Universidad Autónoma de Barcelona y, un año más tarde, se incorporó al proyecto de asistencia pediátrica que Médicos del Mundo desarrollaba en Nouakchott (Mauritania).

"Ser médico en África no es como ejercer en Europa. Allí nuestro trabajo tiene una gran repercusión social, nos sentimos útiles y mucho más satisfechos personalmente. La gente te contagia su sonrisa", asegura. Por eso, la doctora Sánchez cree que el Servicio Andaluz de Salud debería implicarse un poco más en la cooperación técnica con el continente africano y, en consecuencia, facilitar permisos sin sueldo a todos los profesionales que quieran participar en proyectos de desarrollo.

"En materia sanitaria en Guinea Ecuatorial está casi todo por hacer. El equipo de seis profesionales con el que he trabajado [gestionado por la Universidad Autónoma de Barcelona] se ocupa no sólo de luchar contra la oncocercosis, sino también de formar a profesionales del Ministerio de Salud guineano para que ellos sean autosuficientes", añade.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 2000

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