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Tribuna:

Bloom

El canonista Bloom morirá matando. Antes de taparse con la lápida, el considerado por una pequeña pero selecta parte de los anglosajones mejor crítico literario de anglosajonia, ha decretado la enésima muerte de la novela; ha dicho: ¿qué se puede escribir después de Proust, Joyce o Beckett? Antes de Bloom los penúltimos canonistas no llegaban a Beckett y fijaban el non plus ultra en Joyce y Proust, y Ortega mató la novela sin haber leído siquiera a Joyce ni a Proust. Cada canonista quiere llevarse la literatura a su tumba.Afortunadamente, los escritores siguieron escribiendo y así pudimos leer a Musil, Kafka, Beckett, Svevo, Dashiell Hammet, Camus, García Márquez, Cortázar, Faulkner... Y seguimos escribiendo desde la ventaja y la dificultad de que ya es imposible canonizar ni mitificar y que los grandes escritores del pasado son afortunadamente tan irrepetibles, como imprevisibles los del futuro.

La añoranza por la literatura y las artes anteriores a la explosión mediática equivale a la añoranza que el canonista manifestaba después de la invención de la imprenta por aquellos tiempos de la literatura manuscrita. La interacción mediática condiciona el cómo se escribe y el cómo se lee, el cómo se imagina y las estrategias ficcionales. Releer a los canonizados como clásicos no siempre es un gozo, sino que a veces se convierte en la constatación de la facilidad con que las minorías podían consagrar e interacambiarse mitos sin que un sujeto como el público pudiera cuestionarles. El canonista añora aquellos siglos en que la literatura era cosa de tres y confunde los progresivos hallazgos de lo diferente y lo singular con la fijación para siempre de un modelo de lo diferente y de lo singular sólo avalado por su propio gusto.

Si el canonista dice que la novela ha muerto después de Joyce, Proust y el laocontiano Beckett, es porque sólo aprendió a leer, muy notablemente, una vez en su vida, pero la lectura debe aplicarse a descodificar sin apriorismos y encontrar la relación entre teoría, práctica y belleza en Mika Waltari, Corin Tellado, Virginia Woolf, Saramago y Tabucchi.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de junio de 2000