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Crítica:ROCK - JOXE RIPIAU

Una noche gloriosa

La primera llamada llegó a Suristán hacia las diez de la noche. En representación de un denominado Grupo Roberto Lanzas, alguien que se presentó con nombres y apellidos advertía de que el concierto de Joxe Ripiau sería boicoteado por una manifestación "pacífica" de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Complutense que objetaban a la presencia en Madrid de "un grupo de vascos proetarras". Pocos minutos después, otra voz diferente y anónima subía el tono: ya se había olvidado lo del pacifismo, entre insultos se proclamaba que aquella iba a ser "una noche de cuchillos largos". La tercera llamada fue un breve aviso a la policía: se anunciaba que en la sala Suristán iba a explosionar una bomba incendiaria.Acudieron policías uniformados y de paisano. Nada a la vista. Pero recientes atentados de la ultraderecha, como el sufrido por la librería madileña Traficantes de Sueños, obligan a tomar muy en consideración semejantes comunicaciones. Los músicos y los responsables del local, que ya estaba a rebosar, decidieron seguir adelante con la actuación. Algunos asistentes prefirieron marcharse, pero unas trescientas personas desafiaron las amenazas y botaron, cantaron, se empaparon con una gozosa propuesta internacionalista.

Joxe Ripiau Joxe Ripiau, Íñigo Muguruza (bajo, voz), Jabier Muguruza (acordeón), Asier Ituarte (trombón), Sergio Ordóñez (percusión)

Sala Suristán. Madrid, 15 de junio. 1.000 pesetas.

Joxe Ripiau se ha especializado en tocar efervescente reggae y ska con unas letras bellas, paradójicamente de reflexivo tono melancólico; unas músicas y unos textos marcados por los constantes recorridos del grupo por diferentes continentes. En su último trabajo, Bizitza triste eta ederra (título y "sampleado" prestados por Tom Waits), Joxe Ripiau suma a su repertorio algunos aires balcánicos, japoneses y magrebíes, de la misma forma que antes incorporaron son o merengue, pero, en directo, los hermanos Muguruza y compañía prescinden de las máquinas y predominan los ritmos jamaicanos. La formación de cuarteto limita la posibilidad de desarrollar sus cuidados arreglos discográficos, un déficit que compensan con una energía bullanguera que comunica inmediatamente con los espectadores.

El concierto incluyó la mayor parte de ese Vida triste y hermosa, del que esa crónica de la depresión llamada Gaslight se destaca como canción favorita del personal, más temas seleccionados de los tres exuberantes discos anteriores. Como la temperatura llegó a ser realmente tropical, el incansable respetable se dedicó a dar saltos y corear consignas caribeñas como aquella que dice: "Aquí no hace falta cama,/ aquí nadie va a dormir". A pesar de todo, fue una noche gloriosa. La única bomba fue la musical.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de junio de 2000