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Hacia los disolventes de origen biológico

La industria europea deberá reducir en un 57% las emisiones de compuestos orgánicos volátiles (COV) respecto al nivel que tenían en 1990. Desde 2001, para las instalaciones nuevas; a partir de 2007, para las unidades ya existentes. Así se ha decidido en Bruselas, en una directiva emitida a finales de 1999. Pero las industrias no habían esperado a esta directiva COV para intentar limitar las emisiones de vapores más o menos tóxicos. "En diez años las hemos disminuido ya entre un 35% y un 40%", aseguran en Atofina, la quinta industria química mundial, surgida de la fusión de Elf-Atochem y Total-Fina. Pero esto no basta. Hay que ir más lejos. Los disolventes son el primer objetivo y su sustitución por CO2 supercrítico es una opción. Es un producto muy conocido. "Se utiliza desde hace veinte años para la extracción de la cafeína, la teína y determinados aromas. Y ahora hay muchos informes sobre su posible aplicación en otros ámbitos", dice Jean-Yves Thonnelier, asesor científico de Air Liquide. Las más inmediatas serán, o son ya, en la limpieza o desengrasado de piezas mecánicas, componentes electrónicos y textiles.

Si bien las industrias estudian el empleo de CO2 supercrítico en un medio reactivo para la síntesis de compuestos químicos, los posibles resultados obtenidos son difíciles de concretar. Secreto comercial obliga. Sin embargo, su penetración puede ser lenta, ya que antes de imponerse como sustituto de los disolventes tradicionales probados y baratos, habrá que demostrar su competitividad económica. Los farmacéuticos, para quienes el coste de los productos no es un factor tan crucial, podrían ser los primeros interesados.

Utilización mejorada

Mientras tanto, se intenta mejorar la utilización y la composición de los disolventes comunes. Air Liquide ha puesto a punto un procedimiento de recuperación de vapores de COV por condensación criogénica con nitrógeno líquido. Algunos disolventes también son captados sobre carbono activo o incinerados después del uso, con recuperación de la energía, precisan expertos de Altofina.

Paralelamente, se estudian otras soluciones. "Trabajamos en disolventes de origen biológico", dice Stainton. "Actualmente estamos estudiando, por ejemplo, el lactato, un éster obtenido a partir del ácido láctico surgido de la fermentación del almidón de maíz o de la patata. Es totalmente biodegradable, no inflamable y, a priori, no tóxico. Queda mucha investigación por hacer, pero podría usarse en la fabricación de pinturas, barnices y tintas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de junio de 2000