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Buen estreno para un espacio con historia

Demasiado a menudo no somos conscientes del suelo que pisamos. Es lo que pasa cuando se entra en el renovado y lujoso Scenic Barcelona, reconvertido de discoteca que fue con pretensiones neoyorquinas, Studio 54, en restaurante-espectáculo propiedad de los hermanos Callís, Maria Àngels y Josep Maria, con nombre propio en la cocina, el del chef Marc Borrell, y un espectáculo, de Coco Comín, que pone a más de 30 artistas en escena para recorrer, en That's Jass, la historia de la música afroamericana.Scenic Barcelona se eleva sobre el suelo en que en 1892 se alzó, en pleno Paralelo, el Circo Español Modelo, que en 1911 pasó a llamarse teatro Español hasta su conversión en discoteca. Tierra gloriosa donde, además de acrobacias y célebres carnavales, también se estrenaron autores como Guimerà, Pitarra, Rusiñol o Ignasi Iglésias. Es, en definitiva, un bucle espaciotemporal en el que todo vuelve a sus orígenes.

El espacio de Scenic Barcelona, circular y con galería en el primer piso, puede dar cabida a 500 comensales, a 1.200 personas en caso de cóctel o a 1.000 espectadores si es utilizado como teatro. Son cifras que hablan de la polivalencia de este espacio que cuenta con los mejores adelantos técnicos. El espacio escénico aparece y desaparece elevado por plataformas hidráulicas para despejar la sala para el baile con el que acaba la velada o para disponer el espacio escénico en diversas posiciones. Son efectos que los invitados al estreno oficial pudieron apreciar durante el espectáculo de Coco Comín. Pero antes se sirvió la cena.

Buena cocina, sin duda, la de Marc Borrell, que preparó, para la inauguración de Scenic Barcelona una estupenda cena, para estómagos sensibles y sensitivos, regada con buenos vinos. Cigalas confitadas con trufa, rodaballo con judías de Santa Pau, filete de buey con foie y jugo de Oporto y los postres (tarta Sacher con crema de nueces, galleta de piña y menta) precedieron al espectáculo de Coco Comín. Entonces sí, desde lo alto del escenario se descolgaron tres lianas, entre un rumor de jungla, por las que descendieron tres monos.

Esta elipsis dio paso a la percusión y las danzas para llegar finalmente a los ritmos más trepidantes, jazz, dixieland, gospel, swing o rock, acompañados de sus bailes, entre otros, el claqué, el charlestón y múltiples referencias al cine de Hollywood. Espectáculo de cabaret a lo grande, Coco Comín dispone de buenos bailarines y cantantes que llenan de energía el escenario. Vestuario de lujo, buena iluminación y una escenografía hábil, acompañado por el buen sonido de la orquesta. Todo lo necesario para transitar, con ojos de visitante del siglo XXI, por los ritmos negros. Al final quedan los ojos contagiados por la luz y los colores del escenario.

No cabe duda de que Scenic Barcelona encontrará nuevas formas y fórmulas para llegar al público y hacerse con su propia personalidad. De momento, That's Jass es un buen principio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de mayo de 2000

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