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Israel cierra las puertas a sus antiguos aliados del ELS

Israel ha cerrado las puertas a sus aliados, los militares del Ejército del Sur de Libano (ELS), quienes, junto a sus familiares, tratan de huir de las represalias de Hezbolá. La mayoría de los refugiados se concentraba a primera hora de la tarde de ayer en la localidad shií de Kfar Kila, cerca del paso fronterizo con Israel conocido como la puerta de Fátima, en la que al otro lado se encuentra, ya en zona del Estado hebreo, Metula."No los podemos dejar entrar. Si dejamos entrar a uno solo de ellos. Detrás lo harán millares de personas. ¿Y dónde los meteremos a todos ellos?", se preguntaba desde el otro lado del teléfono Mary, una judía sefardí, vecina de Metula, propietaria de un cafetín en el paso fronterizo, mientras se dirigía con el móvil en la mano hacia el refugio, donde permaneció durante todo el día en previsión de bombardeos de Hezbolá.

Los habitantes de Metula, como de otras poblaciones fronterizas con Líbano, han cerrado las puertas a sus aliados, olvidándose de que durante años han significado para ellos, además de una protección, una mano de obra barata con la que han podido poner en marcha sus granjas colectivas, sus kibutzim o sus pequeños negocios.

El Gobierno de Israel ha prometido a estos ciudadanos, 170.000 en total, protección, ayuda económica y una mano de obra aún más barata y dócil que la de los libaneses: trabajadores tailandeses.

La situación, sin embargo, era mucho más inquietante en los kibutzim y en las granjas colectivas situadas al pie de la frontera, como en Misgav'am y en Margalit, cuyos límites coinciden con los de la línea de separación internacional, detrás de la cual deberá próximamente replegarse el Ejército israelí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de mayo de 2000