El líder opositor encabeza los sondeos de las presidenciales en la República Dominicana

Masivos los mítines de fin de campaña y apoteósicos los tradicionales alardes de demagogia de las nuevas democracias latinoamericanas, el candidato de la oposición socialdemócrata a la presidencia de la República Dominicana en las elecciones del martes, Hipólito Mejía, gana en todas las encuestas, aunque sin mayoría absoluta. Campechano, arrabalero a veces, "un patán", según portavoces del oficialismo, supera por más de 10 puntos al conservador Joaquín Balaguer, de 94 años, con más historia y vericuetos que las pirámides de Egipto, y al contendiente gubernamental, Danilo Medina.

El reparto del fuerte crecimiento económico conseguido por el presidente, Leonel Fernández, durante su mandato, siete puntos del PIB, no ha sido apreciado como equitativo entre los dominicanos más humildes y esa percepción perjudica las posibilidades de Medina, el aspirante de la continuidad, de la certidumbre, según fuentes empresariales. El ambivalente Partido Revolucionario Dominicano (PRD), con Mejía; el populista Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) con Balaguer y el pragmático Partido de la Liberación Dominicana (PLD), marxista en sus orígenes aunque escorado hoy hacia el centro, con Medina a la cabeza, disputan la presidencia de un país con casi ocho millones de habitantes, el 56% pobre y el 15% mísero. Damián Sánchez es cobrador de autobús desde hace cinco años y declara que si fuera presidente alimentaría el alma de sus compatriotas con dosis masivas de educación porque "ayudan mucho a la formación del individuo". Edificaría una escuela y un hospital en cada barrio, abarataría los artículos de primera necesidad "para llenarles de comida la barriga a todos los dominicanos", recogería los niños que deambulan por el malecón de Santo Domingo y además crearía un millón de puestos de trabajo.

Los propósitos de Sánchez no difieren mucho de los escuchados a los candidatos a la jefatura de Gobierno de una sociedad convocada a las urnas en 14 ocasiones desde que terminó la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (1930-61). Los sondeos anticipan que en la previsible segunda vuelta del 30 de junio Balaguer será determinante. Mejía necesitaría la mayoría absoluta el próximo domingo para evitar esa segunda vuelta.

Los conservadores, acaudillados por el gran camaleón de América Latina, podrán apoyar entonces al hombre del oficialismo, en una repetición de la fórmula que llevó a Fernández a la presidencia en 1996; podrán apoyar a su propio jefe de filas y exigir al PLD la devolución de favores o más improbable decantarse por la oposición socialdemócrata.

Blanco y querido

"La ventaja que tenemos ahora es que Mejía es blanco y más querido, contrariamente a Peña Gómez , que era negro de origen haitiano e históricamente enfrentado a Balaguer", señala un dirigente perredista.

La dirección del partido del jefe de Estado, en una aviesa campaña de mercado, presentó a Mejía como un político de expresión torpe, carente de un discurso moderno, un campesino más versado en el ganado que en las finanzas. "Fue una estrategia que descartaba en ese candidato la posibilidad de asumir los retos de la modernidad", señala el analista Rubén Silie. En su empeño por distanciarse de esa rusticidad y venderse como estadista y moderno, Medina perdió naturalidad y votos entre los sectores de menos ingresos. "Mejía no tendrá el dominio escénico que impone una visión tradicional del ejercicio de gobierno", agrega Silie, "pero cuenta con la sencillez con la que la mayoría de las personas le gusta que le hablen de sus problemas".

El cruce de acusaciones sobre desfalcos o incapacidad ha sido una constante en la campaña. La última andanada la lanzó el PRD, que acusó al Ministerio de Agricultura de practicar una "corrupción pestilente". Entre los focos del hedor figuran la compra de corbatas para los funcionarios y parrandas y festines sufragados por el erario público. Rafael Alburquerque, secretario de Estado de Trabajo, subraya que la demagogia electoral no puede ocultar los avances del presidente Fernández. "Ahí están las 440.000 nuevas plazas de trabajo que se han creado en los últimos cuatro años. El crecimiento de un 23% del poder adquisitivo, la elevación del salario de maestros, médicos, enfermeras, agrónomos, guardias y policías". Si triunfa Mejía, anticipó, será el fin de la apertura económica y "nos conducirá a un nuevo modelo lleno de incertidumbre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 12 de mayo de 2000.

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