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Crítica:"Blues"

Arriesgados y meritorios Siniestro Total

La presentación en Madrid del último álbum de los vigueses Siniestro Total, La historia del blues, en el histórico escenario madrileño con varias décadas de entrega a la mejor música negra norteamericana, tuvo, cuando menos, algo de polémica. De entre el público que llenó el recinto había buena parte que sí sabía lo que venía a ver y mostraba, además, su admiración o afición a la música del diablo, acuñada por los afroamericanos en el sur de EE UU hace ya más de un siglo.Otro sector del público, en cambio, más joven y tal vez menos educado musicalmente, vio frustradas sus intenciones de pasar la noche del viernes botando a los sones de Ayatolah y, considerando que para ellos la entrada suponía buena parte de las copas que habían de ingerir o la diversión que había de sufragar esa noche, mostró de vez en cuando su disconformidad con lo que estaba presenciando. Esto, quizá, pudiera subsanarse definitivamente haciendo hincapié en la promoción del concierto en el eslogan: "Siniestro Total presenta...", para que no existieran dudas de ningún tipo.

Julián Hernández (voz, guitarra, banjo y armónica), Javier Soto (guitarra, slide, percusión y coros), Segundo Grandío (bajo, percusión y coros), Ángel González (batería), Jorge Beltrán (percusión), Ángel Morales (saxo), David Rodríguez (trompeta), Rómulo Sanjurjo (trombón) y Andrew Phillips (teclados)

Con la colaboración de Manuel Manquiña (narración y coros). Colegio Mayor San Juan Evangelista. 2.000 pesetas. Madrid, viernes 17 de marzo.

Con una puesta en escena absolutamente teatral y la participación del actor Manuel Manquiña desenredando el hilo de la narración, el combo de Julián Hernández planteó un espectáculo conceptual de género absolutamente arriesgado y meritorio.

Viaje musical

Precedidos por la proyección de un documental en el que se narraba la historia de un falso bluesman, Jack Griffin, en el que se daban todas las constantes del estilo musical -margina-lidad, sexo, alcohol, vudú, muertes violentas y cárcel-, el grupo realizó un sentido homenaje a la música que les interesa de verdad, planteando un viaje musical en sepia a través de las áreas norteamericanas en las que el blues se convirtió en leyenda: desde los primeros balbuceos rurales al sonido del asfalto de Chicago; del trepidante boogie al cruce con la hispanidad del texmex; del blues-rock drogadicto y pesado de la psicodelia californiana a la explosión del soul de James Brown.

Ni que decir tiene que todo lo expuesto no era más que un excelente pretexto para que la banda tocara exactamente la música que les apetece tocar y eso se notó sobremanera. Técnicamente, dan el pego de sobra y, en cuanto a los textos, trabajados a la manera del blues, eran correctos e ingeniosos, si bien la sal gorda típica de Hernández y los suyos ha devenido en ironía reflexiva y amarga en unas canciones que, bien leídas, tienen un trasfondo terrible. Siniestro Total son ya mayorcitos y manifiestan otras necesidades a la hora de expresarse. No tendría sentido, pues, que pudiendo desencasillarse de vez en cuando se les quisiera tener encerrados en el corsé del eterno punk gamberro posadolescente.

Reseñar, únicamente, que un par de problemillas técnicos deslució un tanto el resultado final. Sin embargo, la audiencia lo pasó todo por alto celebrando con una ruidosa y cálida ovación las aventuras de ese bluesman inexistente, creado por Julián, que terminó muriendo en la silla eléctrica: Jack Griffin. Que este Griffin parezca corresponderse con el alter ego ideal de Hernández, poco importa; que el relato de sus prodigiosas aventuras tenga cierta retranca gallega, francamente tampoco. Como el propio Julián cantaba al final de la actuación, "Dios tiene un plan"; y quiénes son entonces los simples mortales para hacer la interpretación correcta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de marzo de 2000