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Boadilla ultima el derribo del que fue el mayor poblado chabolista de la región

Sólo quedan 16 inmigrantes en infraviviendas, cuando hace cuatro años había un millar El poblado chabolista de Los Yelmos, en Boadilla del Monte, desaparecerá antes de fin de año. El Ayuntamiento ha iniciado los trámites finales para desmantelar las 10 chabolas que quedan en pie de las 400 que había en 1996. En el asentamiento sólo quedan 16 chabolistas, cuando hace cuatro años había alrededor de un millar. Nueve se dedican al tráfico de droga y el resto son mayores sin recursos. El equipo de gobierno local, del PP, ha pedido autorización judicial para derribar las infraviviendas de los traficantes y busca piso para realojar a los indigentes.

Los siete indigentes que quedan en el poblado chabolista de Boadilla del Monte (18.000 habitantes) son personas de entre 50 y 54 años, que carecen de recursos para valerse por sí mismos. Viven de la caridad de los chabolistas más jóvenes. "Nosotros les damos la comida que nos sobra porque no pueden comprar comida, no tienen dinero porque ya nadie les da trabajo", afirma Mustafá, nacido en Tánger hace 37 años y habitante de Los Yelmos desde hace cinco.Algunos de estos ancianos visten con las clásicas chilabas africanas, mantienen sus viejas costumbres alimenticias y sus hábitos religiosos. A la hora del rezo, el jueves, los chabolistas escuchaban, en un pequeño y destartalado transistor, los cánticos del Corán. "La fe quita el hambre y el frío, alimenta el espíritu", asegura Mustafá.

Los indigentes se quedaron al margen del Plan de Integración de Inmigrantes, que desarolla el consistorio en colaboración con la Comunidad y Provivienda. El concejal de Servicios Sociales del Ayuntamiento, José Galeote, del PP, puso en marcha este proyecto integrador en febrero de 1997, después de que un gran incendio devorara cerca de 40 chabolas y dejara sin hogar a un centenar de inmigrantes. Además del realojamiento, el plan ofrece empleo, educación y cobertura sanitaria a los inmigrantes. Boadilla ha realojado a unos 120 inmigrantes en tres años en régimen de alquiler compartido. El consistorio paga el 50% de la renta, y los realojados, el resto.

Los siete indigentes chabolistas que quedan en el poblado requieren de un trato especial. "El Ayuntamiento les va a buscar realojamiento en pisos y va a pagar la totalidad de la renta mensual, ya que ellos no tienen recursos para hacerlo", aseguró Galeote.

Un trato bien distinto es el que van a recibir los nueve jóvenes que, según fuentes del Ayuntamiento, se dedican al tráfico de hachís en el asentamiento. "Se ha solicitado la autorización judicial pertinente para proceder al derribo de las chozas de los chabolistas que trafican con drogas", explicó el alcalde de la localidad, Arturo González Panero, del PP. "Son jóvenes que no quieren integrarse y que prefieren vivir de la venta de drogas porque es un dinero fácil", añadió González.

La afluencia de compradores de hachís al poblado es continua los siete días de la semana. Y eso, a pesar de que la Guardia Civil vigila desde sus todoterrenos cada movimiento en el poblado desde una colina.

Originarios del Rif

El poblado de Los Yelmos surgió hace 30 años en lo que era una zona boscosa de Boadilla del Monte (18.000 habitantes). Los fundadores del asentamiento fueron unos marroquíes que llegaron a la localidad en busca de trabajo, normalmente en el sector de la construcción y en el de la jardinería. Se apostaban en la plaza de la localidad a las seis de la madrugada a la espera de que los constructores pasaran para recogerles de camino a las obras. Cobraban tres mil pesetas por día trabajado. Sin contrato ni seguro alguno.

Poco a poco el asentamiento fue creciendo, hasta que, en 1996, alcanzó su máxima extensión. Según un informe de la Consejería de Servicios Sociales de la Comunidad, el asentamiento tenía 1.000 habitantes y 600 chabolas.

En Los Yelmos siempre han vivido inmigrantes marroquíes, de la región montañosa del Rif. Todos varones. Nunca ha habido mujeres, pero sí niños. Pronto no quedará nadie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 2000