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Reportaje:

"Jamás volveré a ese infierno"

La doctora Lola Aguilar y la sirvienta Mary Gómez

se recuperan en Coslada del pánico que sufren por el maltrato de su pareja

VIOLENCIA DOMÉSTICA En los últimos cinco años, 331 españolas han muerto a manos de su pareja. El siglo de las mujeres es también el de la violencia doméstica. La liberación del segundo sexo y una mayor conciencia ciudadana, además del comportamiento de los medios de comunicación, han dejado al descubierto crímenes que hasta 1974 nadie contabilizaba. Esa ofensiva social contra el machismo brutal multiplica las denuncias (más de 21.000 el año pasado), pero también el número de víctimas. Menos del 10% de las mujeres maltratadas denuncia los hechos y, para colmo, el 82% de los violentos denunciados sigue en libertad sin condena penal.

"Tengo miedo, pero no voy a volver a Barcelona. Jamás. No se vuelve al infierno", dice la doctora Lola Aguilar. "Yo tengo pánico. No sé qué va a pasar con mi vida ni dónde voy a terminar. Él me ha dicho que, aunque sea lo último que haga, me va a seguir por el cielo y por la tierra", afirma Mary Gómez, sirvienta, con las cicatrices (nada metafóricas) a flor de piel en su cara. Dos vidas rotas. La mirada vigilante, el gesto agarrotado, la voz suave. Pero, por fin, valientes y decididas. Han resuelto hablar e, incluso, posarán para el fotógrafo. Hace meses que dieron un puñetazo imaginario sobre sus vidas. Se acabó. "Aquí estamos", susurran antes de sentarse esta mañana en la sala de reuniones del Centro de Atención, Recuperación y Reinserción de Mujeres Maltratadas que la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas tiene en Coslada, cerca de Madrid.Mary llegó a la capital de España a los 14 años a ganarse la vida como sirvienta. Sola, sin nada más que ella misma. Venía de un pueblecito de la sierra madrileña donde quedaron un padre alcohólico, la madre sufriente y seis hermanos. Ahora ha cumplico los 45 años y parece como si no hubiera tenido tiempo de crecer. Ha llegado hace cuatro meses al centro de Coslada con sus dos hijas, de 15 y de 10 años, porque, como ella, también sufrían la misma violencia. Mary tiene partida la nariz y su hija mayor, una cicatriz en la ceja.

La vida le jugó una mala pasada a Mary, el verano de 1983, en una discoteca, donde conoció a un chico de Chamberí, siete años más joven que ella. "Al principio fue todo muy bien, muy bonito, todo de color de rosa". Mary se marchó a vivir con su pareja a casa de los padres de él, quedó embarazada y poco a poco empezó a hundirse en lo que, finalmente, resultó un infierno de maltratos psicológicos y desprecios, encierros en casa, celos absurdos, explotación económica y, finalmente, palizas en el sentido literal de la palabra. Sólo el recuerdo de la suegra, "bellísima persona, que me ayudó moralmente porque de otra forma no podía", le alegra a Mary el gesto en este relato terrible.

"Una casa y mis hijas"

En el tiempo que lleva en Coslada, disfrutando de los cuidados de psicólogos, educadores y, sobre todo, en el ambiente relajado de un edificio con grandes ventanales y un jardín para pasear las mujeres y un gran patio para el juego de los pequeños, Mary trata de armarse de valor para volver a la vida. Le faltan 14 meses y su resolución es tan terminante como temerosa. El silencio se corta en la sala cuando Mary termina de contar cómo su hija mayor se siente amenazada de muerte ("y yo también", añade un poco después, como asustada de haberse olvidado del detalle), y que la niña pequeña "tiene pánico".

A Mary no le asusta la falta de trabajo (lo tuvo siempre como sirvienta y trabajó 14 horas diarias para su maltratador), le quedan fuerzas para preparar en estos meses una oposición a auxiliar de clínica y tiene, sobre todo, un sueño que se enciende en sus ojos esta mañana: "Tener una casa con mis hijas".

La doctora castigada

Lola Aguilar es una pediatra de Barcelona que llegó al centro de Coslada huyendo de una tortuosa relación con un auxiliar administrativo del ambulatorio en el que la doctora empezó a trabajar en julio de 1996. Tiene 35 años, un hijo pequeñito y tal perplejidad en su rostro que quien no conozca las tribulaciones de las que busca salir desde hace 14 meses no puede llegar a comprender.

A la semana de conocerse ya vivían juntos, compartían sueños y se embarcaban en un proyecto de vivienda a las afueras de Barcelona. Hipoteca de 20 millones. Trampas. Aislamiento de sus relaciones anteriores y de la familia. Trabajo sin cesar. La asfixia laboral alcanzó tal nivel que la doctora llegó a ganar 700.000 pesetas al mes, que entregaba a la pareja para su interminable casita, mientras ella pedía dinero prestado a un familiar. "No podía pararme ni a pensar", dice ahora. Y se sorprende al recordar que cuando tuvo a su hijo, el implacable compañero tomó para sí el permiso de lactancia.

Cuando el niño cumplió 14 meses, en unas vacaciones de Semana Santa, se atrevió a decirle a su pareja que no podía más. "Lo tomó como una orden y yo estaba suplicando". Y empezó entonces un acoso mayor en lo económico, los silencios interminables ("dejaba de hablarme y yo no sabía los motivos"), y abiertas amenazas, incluso de robarle al hijo. "Tú puedes irte, pero yo me quedo con el niño y no lo volverás a ver", le decía. Cuando descubrió que la amenaza iba en serio, Lola acudió a una abogada, que le aconsejó hacer un curso de defensa personal y que jamás volviera a estar a solas con su pareja. A partir de ese día, las amenazas se hicieron insoportables y las exigencias de dinero, aún más descaradas. Ahora ha tomado la decisión de no volver jamás a su lado, ni siquiera a Barcelona.

El 'segundo sexo' sigue de luto

El segundo sexo está de luto cada semana. Un total de 331 españolas han muerto a manos de sus parejas en los últimos cinco años. Otras 90.000 tuvieron que acudir a algún refugio para librarse de la brutalidad que sufrían en sus hogares. Ni Simone de Beauvoir pudo imaginar el desamparo que reflejan a diario los medios de comunicación y que resume el grito terrible de una de las víctimas, Ana Orantes: "Tendré que morir para que me protejan". Poco después, el exmarido la quemó viva. Fue en 1997, un año en el que murieron 91 mujeres, dos de ellas también quemadas, y el resto apaleadas, acuchilladas, estranguladas, ahorcadas o precipitadas por una ventana.Lo inexplicado es por qué, siendo la sociedad menos machista que cuando De Beauvoir publicó en 1949 su alegato contra el eterno femenino, se producen hoy, en España, un 22,7% más de delitos contra las mujeres que hace 10 años. Y, ojo, se habla sólo de denuncias formales (21.778 el año pasado), porque nadie discute esta otra aterradora realidad: sólo el 5% (a lo sumo, el 10%) de los maltratos llega a denunciarse alguna vez. Quizá porque las mujeres saben que el 82% de los maltratadores denunciados queda sin condena y puede tomarse una sangrienta venganza.

Miles de años de avasallamiento no se curan en un siglo, ni siquiera en el siglo de las mujeres, como algunos exégetas han calificado los últimos 100 años. La sociedad era ya machista en el Génesis, que se inicia con el relato de un Adán que duerme para que el olvidadizo Creador pueda extraer de su costilla a una mujer secundaria (menos mal que el pasado verano el Papa advirtió de que no había que tomarse ese cuento al pie de la letra). Como fueron patriarcales los relatos de Homero, sobre todos ellos el de la Penélope que espera a un sujeto tan turbio y mercenario como Ulises; o las pícaras cuitas de Ovidio, donde el amor es un muchacho vagabundo a la caza ("llevad siempre echado el anzuelo") de la mujer objeto, y no digamos el refranero español, el de la mujer con la pierna quebrada y en casa (y la doncella, pierna y media), o las otras lindezas que encarna el celebradísimo Tenorio.

No son imaginaciones de la literatura. También en la ceremonia matrimonial de la religión dominante se cita a la mujer como esclava. Otelo mató por celos, y otros matan por ese bíblico sentido de la posesión. "La maté porque era mía". Pero esa frase brutal es hoy tan válida como la contraria. "La maté porque ya no era mía". O porque, habiendo sido suya, la mujer decidió abandonarle. El 95% de las españolas muertas por malos tratos quería separarse de su asesino. La mujer ha dejado de ser, legal y realmente, desigual a los hombres, pero hay sujetos que no lo soportan. Las estadísticas demuestran esa circunstancia en la mayoría de los delitos de género.

Como se ve, en la conquista de la liberación se esconde el peligro. La esposa que antes aguantaba en silencio (sierva silenciosa: el retrato de Rosa en la gran película Solas), hace ahora uso de sus derechos (la Ley del Divorcio de 1981, la posible independencia laboral y una incipiente protección social), y decide abandonar a quien la maltrata. El 90% de la violencia entre parejas se produce en ese escenario. Antes te mato que me humillas, decía don Lope a su protegida en la galdosiana Tristana, y lo subrayó con brutalidad la versión cinematográfica de Luis Buñuel.

Simone de Beauvoir avanzó este diagnóstico en El segundo sexo hace 50 años: para liberar a las mujeres había que cambiar también (ahora se ve que sobre todo) a los hombres. Una sociedad en la que ningún sexo oprima al otro, donde ambos sexos ejerzan su libertad y normalicen relaciones. Terminar, en fin, con aquel trallazo con que Nietzsche se refería al amor en Ecce homo, poco antes de volverse loco: "El amor, su medio es la guerra y esconde en el fondo el odio mortal de los sexos".

Lo llamativo es que en España el drama no alcanzó la categoría de problema hasta 1984, año en el que se empiezan a dar las primeras respuestas institucionales. La primera casa de acogida para mujeres maltratadas es de 1984 y hasta 1991 no abre el Centro de Atención, Recuperación y Reinserción que la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas regenta en Coslada, cerca de Madrid. Lo dirige Ana María Pérez del Campo y sólo tiene un defecto: que es el único en España. Se necesitarían otros 52, uno por provincia.

En Coslada han encontrado refugio este año 27 mujeres de toda edad y condición (desde médicas y abogadas a chicas que se ganaban la vida limpiando escaleras), junto a sus hijos, 40 niños víctimas también de los violentos. "Detrás de una mujer maltratada hay un niño apaleado", asegura Pérez del Campo. O un niño enterrado: en lo que va de año ya han muerto cinco niños a manos de sus padres. La más joven de las mujeres que se recuperan en el acogedor refugio de Coslada, Icíar, es una niña. Tiene 16 años y un bebé de nueve meses. El hombre que la maltrató es un poco mayor que ella: 19 años. Los expertos del centro (psicólogas y educadores) tratan de quitarle el miedo y de devolverle la personalidad para que recupere su camino.

Suecia es el modelo

Suecia es el modelo, advierten las españolas que entienden de la violencia de género. Frente a la obsesión por la denuncia de los maltratos que impera en España (lo que, en muchísimos casos, le cuesta la vida a la denunciante desprotegida), en Suecia son los maltratadores los sujetos de la ofensiva propagandística. La teoría es que, atacando a su prestigio social, colocándolos en la picota, se les escarmentará mejor, ya que, en muchísimos casos, el violento en el hogar resulta ser un ciudadano angelical entre los amigos.Así que en Suecia las campañas contra los maltratos son como una columna infame. En primer lugar, se ofrecen las fotos de los maltratadores. En segundo lugar, imágenes de los niños víctimas. Después, fotografías de las mujeres maltratadas. Y por último, otra vez, en grande, más imágenes de los viles maltratadores.

Cada año mueren en los 15 países de la UE 500 mujeres a manos de su pareja. Pero las estadísticas no se ponen de acuerdo sobre los porcentajes de las que sufren violencias de menor intensidad. En Bélgica, por ejemplo, el 20,8% de las mujeres dice haber sufrido malos tratos; en Finlandia lo afirma el 22%, y en Portugal, el 23,3%.

La UE no da relevancia a la relación entre pobreza, alcohol o drogas con esos maltratos, pero sí a la independencia económica de la mujer. Otros expertos, como Ana María Pérez del Campo, presidenta de la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas, no están tan seguros de esa teoría. En el magnífico Centro de Atención, Recuperación y Reinserción que dirige en Coslada (Madrid) hay cobijadas dos médicas, dos abogadas y varias funcionarias. En lo que todos coinciden es en que entre los maltratadores se encuentran tipos de toda clase y condición, desde alcohólicos a jueces e inspectores de policía.

BNG exigirá que los medios no maltraten la imagen de la mujer

El Bloque Nacionalista Galego (BNG) "exigirá" la adopción de medidas para que los medios de comunicación de titularidad pública cumplan el principio de no discriminación en "el tratamiento de la imagen de la mujer".El programa del nacionalismo gallego sobre "la problemática de las mujeres" se inicia, precisamente, con una exposición de motivos muy crítica con los medios de comunicación social, a los que se achaca incumplimientos de leyes y un trato de la mujer como "cosa que se puede manejar, adquirir y consumir".

Así que, antes de entrar en la tragedia de los malos tratos, el BNG apunta la necesidad de promover "la emisión y publicación de programas, espacios y publicidad institucional que incidan pedagógicamente en la "necesidad de eliminar barreras discriminatorias para las mujeres en su dignificación social y pública".

El BNG cree que los malos tratos tienen que ver con la "violencia estructural" que padece la propia sociedad, "fuertemente adherida en el inconsciente colectivo". Es a partir de esa premisa por lo que el Bloque propone medidas de comunicación social, paralelas a otras concretas contra la "violencia de género", como la reforma del artículo 153 del Código Penal (sobre el delito de lesiones), así como el endurecimiento de las medidas cautelares contra el causante de una violencia en la familia.

Agilizar el divorcio cuando haya precedentes de malos tratos

En capítulo dedicado a Derecho Humanos, la coalición Izquierda Unida propone varias medidas para atajar el problema de las mujeres maltratadas. En primer lugar, IU prevé la "creación de una fiscalía especial contra la violencia doméstica"; la modificación del Código Civil "en materia de procesos de separación y divorcio, cuando tengan como precedentes malos tratos entre los cónyuges; la creación de una "Comisión de Coordinación para la Igualdad, entre el movimiento de mujeres, colectivos profesionales implicados e instituciones, para la elaboración, seguimiento y evaluación de medidas y hechos con relación a la violencia doméstica", y la inclusión de la figura del "acoso psicológico como infracción laboral en el Estatuto de los Trabajadores".Izquierda Unida también habla de su programa de la creación de una red de casas de carácter municipal para mujeres que sufran violencia doméstica; de la elaboración de medidas de reinserción laboral específicas para las mujeres víctimas de esa violencia; la información y atención específicas para mujeres víctimas de malos tratos en su hogar, en centros con personal cualificado y comisarías; y la atención y medidas reinsertoras "para mujeres encarceladas, con soluciones eficaces para los hijos o hijas de éstas".

Una ley que ayude a las víctimas a rehacer su vida

Si el PSOE gobierna, promoverá "con carácter inmediato" una ley integral contra la violencia doméstica, que persiga con la mayor contundencia posible a los que cometen un delito de este tipo y que ayude a las mujeres afectadas a rehacer su vida. Fue el candidato Joaquín Almunia quien anunció este compromiso en el reciente congreso de la Federación de Mujeres Progresistas, en Sevilla. "Cada vez somos más los que nos sentimos heridos en nuestra dignidad cuando se agrede o se asesina a tantas mujeres por el solo hecho de serlo", dijo Almunia.El candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno anunció, además, que la futura ley creará una Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, para "asegurar su cumplimiento", con competencias para coordinar las medidas a tomar entre el Ejecutivo y las administraciones territoriales.

Los socialistas proponen, también, "incrementar las ayudas, impulsar una educación no sexista, asegurar la dignidad de la mujer en la publicidad y promover nuevas fórmulas de asistencia jurídica a las víctimas", además de cooperar con el poder judicial en la coordinación de actuaciones procesales civiles y penales "rápidas y eficaces".

El PSOE impulsará medidas para "erradicación del tratamiento sexista en los medios de comunicación". "Impulsaremos todos los cambios normativos que resulten precisos", remacha el programa.

Más plazas en centros de acogida y en pisos tutelados

"La preocupación ante la violencia doméstica y los malos tratos ha llevado a realizar modificaciones en el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal; se han creado las nuevas unidades del Servicio de Atención a la Mujer de la Policía Nacional y de la Guardia Civil y se han adoptado medidas de actuación sanitarias y sociales, a fin de asegurar que las víctimas cuenten con una protección integral lo antes posible".El PP incluye el maltrato a mujeres en un capítulo titulado Mujer: igualdad real en el siglo XXI. "La España de las oportunidades necesita la mayor participación de las mujeres en todos los ámbitos en que se desarrolla la vida social", dice el programa.Más tarde, anuncia su intención de "promover la igualdad entre las mujeres y hombres, impulsando para ello cambios profundos en las actitudes y comportamientos para alcanzar un modelo de sociedad donde todos tengan cabida en condiciones de igualdad". "Es un propósito que concierne a toda la sociedad", dice el PP.

Las medidas que propugna son: 1. Establecer líneas de apoyo a mujeres víctimas de malos tratos, a través de la información, formación y asesoramiento, adecuando a las necesidades reales las plazas en centros de acogida y en pisos tutelados.

2. Impulsar las unidades específicas, integradas principalmente por mujeres, en las comisarías y servicios de la Guardia Civil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de febrero de 2000

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