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Un local llamado Sidecar

Antes de entrar se suele padecer un severo ataque en la pituitaria. La gente vacía las cervezas que se bebe en la plaza Reial en la cercana calle de las Heures, que funciona casi como un mingitorio público. Pero allí no sólo se acude para evacuar; desde hace 17 años existe un local llamado Sidecar. Es un bar pequeñito con dos ambientes. En la parte superior, tonos oscuros en las paredes y luces que le dan un tono de coqueta intimidad. Una barra llena de publicaciones musicales y fanzines acompaña el habitual trasiego de copas, que se prohíbe posar en el billar que ocupa una parte del bar. Ésta es la zona noble de Sidecar, local bautizado en evocación de aquella extensión que convertía las motos en predecesoras del seiscientos, porque en ellas podía viajar la parienta con el niño."Cuando lo abrimos, en 1982, resultaba un bar bastante original porque era un establecimiento de copas que contaba con su propio pinchadiscos". Lo dice Roberto Tierz, patrón desde entonces de este local que "nació en un momento en el que se respiraba el deseo de hacer música con letras no necesariamente en inglés". La primera actuación en Sidecar fue la de Distrito V, una de las bandas que agitaban el panorama musical barcelonés, dominado por entonces por una serie de grupos que, como el citado, venían de la Verneda. Eran los años de la movida madrileña, años en los que Barcelona gestaba una nueva generación de músicos de la que saldrían como triunfadores Los Rebeldes, Manolo García y Loquillo.

Quizá porque el tamaño de la sala no permitía que Golpes Bajos, Gabinete Caligari o los primeros Duncan Dhu actuasen allí -todos pasaban por el Zeleste de Plateria-, Sidecar fue convirtiéndose en el local en el que se estrenaban bandas noveles, cuya generación intermedia, representada por BB Sin Sed, Los Amantes de María y Las Flores del Mal, protagonizaron el concierto de celebración del séptimo aniversario del establecimiento, celebrado en la plaza Reial. También debido a la estrecha relación entre Sidecar y las bandas locales, muchas de ellas reflejaron en sus letras la existencia del garito, tal y como puede comprobarse en canciones de WOM-A2, Las Flores del Mal y Sergio Makaroff. Este último, recién llegado a Barcelona, convirtió Sidecar en su segundo hogar, incluso trabajó en él de camarero en sus épocas de músico sin escenario.

Además de ser sala para tomar copas y local para música en directo, Sidecar ha montado exposiciones, cabaret, proyecciones de películas, teatro, vídeo, etcétera. Es más, alberga desde hace cinco temporadas la G3G, una programación musical de riesgo orientada a sensibilidades espoleadas por la curiosidad. Sidecar es un local modesto, pero con 17 años en primera línea de fuego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de febrero de 2000

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