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Reportaje:

El Nadal pasea por Getafe

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) se encontraba en cama con 38 grados de fiebre y gastroenteritis cuando, el pasado enero, supo que había ganado la 56ª edición del Premio Nadal, que concede la editorial Destino. "¿Y ahora cómo hago yo para levantarme y llegar a Barcelona a recoger el premio?", se preguntó. Fue el primer pensamiento que le vino a la cabeza. El miércoles de la semana pasada recordaba aquel episodio con una cierta dosis de humor, durante el acto de reconocimiento que le dedicó el Ayuntamiento de Getafe (143.630 habitantes), la ciudad donde ha pasado la mayor parte de su vida y escenario constante de sus novelas. Lorenzo Silva ganó el premio Nadal con El alquimista impaciente, una obra que relata las aventuras de una pareja de guardias civiles que investiga un crimen. Ya antes, la intrépida pareja había protagonizado El lejano país de los estanques. En esa obra, Virginia Chamorro y Rubén Bevilacqua intentaban esclarecer la muerte de una turista extranjera en Mallorca. Esta vez sus investigaciones se centran en Madrid, Guadalajara y la Costa del Sol. ¿Alguna vez veremos a los agentes en Getafe? "Existe una gran posibilidad", dice Silva. Pero aclara: "Getafe no es jurisdicción de la Guardia Civil, por lo tanto, si aquí acaeciera un crimen no lo investigarían ellos, sino la policía, pero es indudable que pueden pasar por aquí, y tarde o temprano lo harán".

En el próximo pleno municipal, Lorenzo Silva será nombrado hijo predilecto de Getafe por consenso. Porque Silva, con sus palabras, ha logrado lo que difícilmente consiguen las ideas políticas: poner de acuerdo a los tres partidos municipales. "El escritor que mira a sus semejantes es el verdadero escritor. Nada es más importante que el homenaje de mis vecinos, la gente que respira mi mismo aire", dijo, visiblemente conmovido, durante el acto. El escritor anunció, para fortuna de sus vecinos getafenses, que ya está en marcha su tercera novela ambientada en esa ciudad. La lluvia de París lleva por título y su acción transcurre entre Getafe y París.

"En toda novela hay siempre fragmentos de vivencias que luego están reelaborados con arreglo a las leyes de la ficción, que son leyes diferentes de las de la memoria y la autobiografía", explica. Esas vivencias están reflejadas en sus obras anteriores, Algún día cuando pueda llevarte a Varsovia y El cazador del desierto. En las dos emerge la ciudad a través de la mirada juvenil de unos personajes que se pasean por el barrio de Juan de la Cierva, que observan embelesados cómo aterrizan los aviones en la base aérea o que dan largas caminatas en el Cerro de los Ángeles.

Silva no oculta su orgullo de getafense: "Para mí, esta ciudad es un alivio, mi lugar de descanso y una buena manera de olvidarme del tráfico de Madrid".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de febrero de 2000