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Jackson: "Martínez Barrio fue el centro político y moral de la II República"

"Un hombre decente, honrado e íntegro". Así definió ayer el historiador Gabriel Jackson a Diego Martínez Barrio, que fue ministro, presidente del Gobierno, de las Cortes y de República en el exilio. Jackson clausuró con una conferencia en el Real Alcázar los actos celebrados en memoria del político sevillano, enterrado desde el pasado día 15 en el cementerio de San Fernando de Sevilla, conforme pidió en su testamento. "Martínez Barrio personificaba el verdadero centro político y moral de la II República", afirmó.

Con la charla del historiador norteamericano, que conoció personalmente a Martínez Barrio (Sevilla, 1883-París, 1962), concluía una serie de actividades organizadas por la Asociación de Abogados Progresistas de Andalucía para recuperar la memoria de un personaje relegado al olvido histórico, que finalmente, tras diez años de gestiones, ha conseguido que los restos mortales del político se trasladaran a su ciudad natal, de acuerdo con su última voluntad. Jackson, catedrático emérito de la Universidad de La Joya de California y conocido por sus estudios sobre la guerra civil española, recordó el desangelado entierro de Martínez Barrio en el exilio, en el cementerio de Saint Germain, al que apenas acudieron unas 200 personas. "Me sentí sobrecogido por la poca trascendencia. Ni yo ni nadie de los que allí estábamos hubiéramos podido pensar que 38 años después sería honrado en Sevilla", comentó el hispanista, que llegó a emocionarse cuando evocó la visita que le realizó en su casa parisina poco antes de morir.El que fuera presidente de la República en el exilio desempeñó, según Jackson, un papel secundario pero esencial en esos convulsos años de la historia de España. "Las orquestas necesitan segundos violines. No era un hombre egoísta con ambiciones de estrella, ni fue un gran orador; sus escritos son sobrios, aunque fieles a los hechos, pero personificaba el verdadero centro político y moral de la II República: era menos agresivo y anticlerical que la mayoría de los republicanos históricos, y más dispuesto a reformas que favorecieran a la clase trabajadora que los radicales de su partido", indicó.

Fue, añadió Jackson, una persona a quien los máximos dirigentes republicanos recurrieron en los momentos de crisis, porque "era de total confianza y un testigo fiel de los sucesos". De orígenes humildes -fue ayudante de panadero y tipógrafo en Sevilla- y sin estudios universitarios, Martínez Barrio intentó como presidente del Gobierno evitar la guerra hablando con el general Mola un día después del alzamiento. Las protestas populares de Madrid le hicieron dimitir tan sólo 24 horas después. "No tuvo un papel destacado en la contienda. Su importancia radicaba en su honradez", concluyó. La asociación de abogados ha cedido el material que se conserva del exilio, fundamentalmente fotográfico, al ayuntamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de enero de 2000

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