Segregación educativa: se agradece la claridad
En tiempos de confusión, cuando los guerreros se encargan de la paz, los bancos cuidan el medio ambiente y los ricos y poderosos se ocupan de la pobreza y la desigualdad, es muy de agradecer que haya cada vez más claridad en un tema: la educación.Aprovechando las contradicciones e insuficiencias de la reforma educativa en marcha y los vientos políticos e ideológicos que hoy soplan, hay voces que proclaman que no somos iguales y, por tanto, que hemos de actuar en consecuencia. No, no se refieren a combatir la desigualdad, sino a separar al alumnado, ya dentro de la educación obligatoria, y quizá cuanto antes mejor, en diferentes vías. Algunas de estas vías, en realidad, no llevan a ningún sitio, sino que sirven para que circulen mejor los trenes más rápidos, los que transportan lo que hay que transportar y viajan hacia los mejores destinos (aquí debaten un poco estos estrategas ferroviarios: unos prefieren terminales de mercancías, y otros, los que se llaman humanistas, auditorios selectos). No les vale con la clasificación educativa por centros, necesitan clasificar más y más en busca de sus inencontrables grupos homogéneos.
La claridad, sin embargo, no es perfecta, pues todavía hay quienes hablan de "grupos flexibles" cuando considerarían milagroso que hubiese algún cambio. Otros, a juntar un fracaso con otro lo llaman "grupos especiales", grupos que se dejan en manos del profesorado que llegue en septiembre (parece que enseñar a quienes aprenden más fácilmente aumente la profesionalidad: valoremos entonces como se debe a quienes trazan puentes sólo en los riachuelos).
No sorprende que las personas de derechas den por buenas estas actuaciones, pero resulta incomprensible que algunas que se declaran de izquierdas no reflexionen al observar que las posibilidades de exclusión escolar aumentan en cuanto menos poder económico y social se tiene y no les plantee problema la selección personal y social que se da en la educación obligatoria.
Quienes quieren segregar escolarmente, que sean conscientes de lo que eso supone: una sociedad cada vez más desigual y excluyente. Otras personas también encontramos dificultades en las aulas, pero hemos visto que no da lo mismo actuar de una manera que de otra, si se hace de forma continuada y coherente, y no olvidemos que la educación para todas las personas es, además de un derecho legal, una cuestión de justicia.- José Emiliano Ibáñez Herrán. Palencia.
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