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Jueces y secretarios critican su ascenso forzoso porque crea desarraigo

Colectivos de jueces y de secretarios judiciales manifiestan su oposición al ascenso forzoso, dado el desarraigo que produce el necesario traslado de ciudad de destino, que en ocasiones acarrea un fuerte desarraigo respecto a sus familias y entorno social.La Asociación Nacional de Secretarios Judiciales Contra el Ascenso Forzoso (ANSCAF), constituida hace unas semanas, se ha quejado al Defensor del Pueblo de que dicha medida es inconstitucional, y han iniciado conversaciones con la Administración para eludir unos ascensos que consideran discriminatorios.

Ángel Maraver, presidente de ANSCAF, resalta, entre los 10 "destinos asignados por la fuerza" a otros tantos secretarios judiciales, el de la secretaria del Juzgado de Molina de Segura (Murcia), que ha sido ascendida y trasladada a Las Palmas de Gran Canaria. Maraver señala que, "dada su situación (casada, con dos hijos y residente en Murcia, donde trabaja su marido), y a fin de evitar un obligado abandono de familia, se ha visto forzada a pedir la excedencia por cuidado de hijo".

La ANSCAF resalta la voluntad del legislador, expresada en la Ley de 5 de noviembre de 1999 sobre conciliación de la vida familiar y laboral, que recoge el "deber de los poderes públicos de asegurar la protección social, económica y jurídica de la familia", según la Constitución.

Maraver considera que la orden del Ministerio de Justicia que impone a 10 secretarios el ascenso forzoso, publicada 11 días después en el BOE, es "una burla a la intención de la nueva ley", ya que "el ascenso forzoso significa dejar su vida familiar con el fin de hacerse cargo de un destino obligatorio que no han elegido y que pretenden abandonar en el primer concurso de traslado que les permita acercarse a los suyos".

La asociación Jueces para la Democracia denuncia "la absurda situación que provoca la actual regulación del ascenso a la categoría de magistrado". El secretariado de la asociación explica que cada dos meses unos 30 jueces "se ven desarraigados, a veces separados de su familia y lanzados al otro extremo del mapa, en una supuesta promoción que poco tiene de positivo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de enero de 2000