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No será una catástrofe

De forma excepcional, en informática se va a cumplir un plazo. Sabemos cuándo ocurrirá el efecto 2000, pero no sabemos con exactitud qué va a ocurrir.Todo procede de la inteligente idea de diseño informático que decidió almacenar los años con sólo dos cifras cuando, hace ya tres décadas, la memoria central de los ordenadores y el espacio en disco eran muy caros. La sorpresa, para muchos, es que esos programas hayan llegado hasta hoy y sigan en activo.

Es una sorpresa relativa. En informática, cuando un programa funciona bien, suele ser buena política no tocarlo mucho. La experiencia nos dice que no resulta tan fácil hacer programas sin errores... Además, las fechas almacenadas en ficheros y bases de datos han transmitido el problema a través del tiempo. Así hemos llegado al que entonces parecía un lejano futuro.

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No podía ser de otra manera. ¿Qué director de empresa hubiera atendido al director de informática que pidiera, pongamos en 1990, un presupuesto adicional para resolver ese efecto 2000, que sólo iba a manifestarse diez años después?

Con la saludable excepción de la mayoría de grandes empresas que empezaron sus proyectos 2000 hace ya varios años, lo cierto es que la pequeña y mediana empresa (y con ella el público en general) no ha sido consciente del problema hasta muy recientemente. Según parece, en España sólo el 16% de las pymes conocían el efecto 2000 en enero de 1999, a sólo doce meses del problema.

En el seno de la ola de milenarismo que nos invade, los más agoreros imaginan ahora que puede darse incluso un colapso de civilización. Otros pronostican apagones y problemas sin cuento: si la sociedad moderna occidental depende en alto grado de la tecnología informática, dicen, un serio problema de la informática como es el efecto 2000 podría muy bien hacer tambalear a esa sociedad occidental tan tecnológicamente dependiente. Parece exagerado.

Además de las revistas técnicas de informática (poco escuchadas en este tema), la sensibilización general cabe centrarla a partir del informe de la OCDE fechado en septiembre de 1998, a sólo quince meses de la fecha fatídica. Uno de sus redactores, Vladimir López-Bassols, colaboró también en el survey informativo que publicó la revista The Economist a mediados de septiembre de 1998. Era el primer aviso, un tanto tardío, al gran público. Después, otros medios de comunicación tomaron el relevo.

A lo largo de 1999, el punto de vista general sobre el efecto 2000 parece haber cambiado. Tras un alarmismo exagerado, se ha pasado a un sentimiento de conformidad y autosatisfacción tal vez también exagerado. La segunda mitad de 1999 ha visto un intento de calmar unas aguas que bajaban demasiado revueltas. Las pruebas realizadas por diversas empresas y administraciones parecen tener siempre sólo el mejor de los éxitos y la tranquilidad vuelve a reinar.

En el informe de la OCDE se hablaba ya de iniciativas efecto 2000 en casi más de sesenta países. Pero en un mundo globalizado, con casi doscientos países en la ONU, las preguntas surgen de inmediato: aunque nuestro país pueda estar a salvo de graves consecuencias del efecto 2000, ¿qué ocurrirá en los demás?, ¿cómo reaccionará una economía globalizada? No es fácil decirlo y ahí encuentran el campo abonado los agoreros del 2000.

Habrá problemas, por ejemplo, en programas de gestión de alguna pequeña y mediana empresa que se haya despertado tarde: algunas facturas del 3 o 4 de enero tendrán errores. Los alarmistas hablan también de que "los electrodomésticos se volverán locos", concepto complejo e incomprensible que podría tal vez significar que la lavadora congelará la ropa o que la nevera lavará las viandas. Absurdo. En realidad, muchos electrodomésticos y muchos aparatos con chip incorporado no procesan fechas y, por lo tanto, no tiene por qué haber problema con ellos. Tal vez convenga vigilar el vídeo, en caso de duda consultar con los proveedores y, para el resto, confiar en los profesionales. Se están creando planes de contingencia en administraciones, hospitales, centrales de energía y grandes empresas. Planes que van a tener de guardia en sus instalaciones a muchos informáticos durante el cambio de año. Todo sea para bien.

No es posible preverlo todo. Habrá problemas, pero no necesariamente catástrofes. A los milenaristas les conviene recordar que hemos superado fácilmente el año 1998, que, numerológicamente, incorporaba el "grave peligro" de ser el número de la bestia (666) multiplicado por 3. Pamplinas. Sin mayores problemas, si nadie hace locuras, superaremos también el 2000.

Miquel Barceló García es profesor de la Facultad de Informática de Barcelona de la Universidad Politécnica de Cataluña

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