El asesinato del millonario misterioso

Edmond Safra, uno de los banqueros más ricos del mundo, muere al ser incendiado su palacio en Montecarlo

El banquero Edmond Safra, propietario del Republic National Bank of New York y del Safra Republic Holding, falleció ayer en Mónaco, junto a su ama de llaves, víctima de un incendio criminal provocado en su vivienda del palacio La Belle Époque, uno de los edificios más destacados del Principado. Según fuentes de la Fiscalía de Mónaco, dos encapuchados armados irrumpieron a las cinco de la mañana en las estancias de Edmond Safra y dieron fuego al inmueble, tras apuñalar a un guardaespaldas que les salió al paso.Las llamas se extendieron con gran rapidez en la planta de los dormitorios, cerrando el acceso a las escaleras y al ascensor. Cercados por el fuego, el millonario y su empleada buscaron refugio en uno de los baños del piso, donde fallecieron asfixiados. La esposa del banquero y su hija salvaron la vida porque lograron alcanzar la planta baja.

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La noticia de la muerte de Safra, una de las mayores fortunas del planeta, según la revista Forbes, y ex presidente de American Express, corrió como la pólvora en los medios financieros internacionales y abrió un abanico de interrogantes que la policía monegasca no estaba ayer en condiciones de despejar.

La aparente obviedad de que los asesinos trabajaron ayer por encargo en el suntuoso edificio La Belle Époque apenas ayuda a las pesquisas, dada la nutrida lista de enemigos potenciales de la víctima, su grueso listado de conflictos y odios acumulados, la extensión misma del imperio logrado por Safra.

Para las autoridades monegascas, el crimen tiene visos de catástrofe en la medida en que deshace de buenas a primeras la idea cuidadosamente construida que presenta al Principado como el hogar seguro de las grandes fortunas y refugio blindado contra toda intromisión. El lujoso dúplex que domina el puerto de Mónaco era un búnquer dotado de los más modernos sistemas de seguridad, y el área en la que está enclavada La Belle Époque es un territorio celosamente vigilado.

"Él sabía que había un contrato de asesinato contra él y por eso había contratado a guardaespaldas", comentaron ayer fuentes de la City londinense, que apuntan preferentemente a la mafia rusa.

Pese a su proverbial prudencia y su intuición en asuntos de dinero, la víctima trabajó muy activamente en el mercado ruso, hasta el punto de que fue uno de los grandes perjudicados de las crisis financieras del último verano. Tampoco la profesionalidad de los asesinos, que se descolgaron desde el tejado del edificio hasta ganar las estancias de Safra y burlaron todas las medidas de seguridad, invita a la policía monesgasca al optimismo.

Su muerte se produce en el momento en que el banquero había comprometido la venta del Republic National Bank al grupo bancario británico HSBC, cuyas acciones acusaron inmediatamente el golpe en el mercado bursátil londinense. La operación debía cerrarse el 3 de enero por 10.300 millones de dólares, después de una serie de aplazamientos y negociaciones derivadas de la gigantesca estafa a inversores japoneses en la que está implicada una filial de la Republic National Bank.

Los problemas parecían resueltos, hasta el punto de que la Reserva Federal norteamericana había previsto reunirse pasado mañana para dar el visto bueno a la operación, aprobada el martes por una asamblea general extraordinaria de HSBC. A sus 67 años, y enfermo de Parkinson, "el hombre misterioso de las finanzas", como le caracterizó el semanario norteamericano Business Week, parecía decidido a retirarse y cerrar la etapa de banquero que inició con 16 años en Milán. Nacido en Beirut, en una familia siria originaria de Alep, el joven banquero mostró desde el principio una habilidad natural para el negocio.

Suya fue la idea de regalar televisores a los buenos impositores que alimentaban su entonces modesta banca. Después entraría también en el mercado del oro y se convertiría en uno de los protagonistas de la banca neoyorquina. La propia American Express tuvo que tragarse las acusaciones de "blanqueo de dinero sucio" vertidas contra su antiguo presidente y terminó pagando los gastos de la violenta pelea desatada por la conflictiva compra de una sociedad suiza propiedad de Safra. Ayer, tras mostrarse consternado por el asesinato del banquero, el presidente de HSBC, John Bond, se comprometió a "mantener la tradición bancaria y la integridad que han caracterizado la vida de Edmond", dando por supuesto que la desaparición del banquero no impedirá a su grupo cerrar la compra de la Republic National Bank.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 03 de diciembre de 1999.

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