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Crítica:ROCK

La orquesta del sudor

Inevitable mencionar que el local que acogió el principio de la primera gira de la orquesta californiana Ozomatli por España fue cinco semanas antes el escenario del comienzo de la visita de otro grupo, Los Lobos, que hasta tiempos recientes llevaba el estandarte de la creatividad mestiza en el rock de Los Ángeles.Los Lobos siguen siendo un ente inquieto en discos, sobre todo en proyectos paralelos como Los Latin Playboys o Houndog, aunque sus directos revelan que no saben salir de la trampa populista en la que se han metido, lo de tocar boogie pegajoso y canciones norteñas para complacer a un respetable que ya ni siquiera exige emoción más allá de la celebración del tequila y las coronitas. Por el contrario, lo que hacen sus vecinos de Ozomatli tiene ahora mismo mucho de volcán en actividad: no se sabe muy bien hacia dónde se va a derramar la lava, pero el espectáculo resulta intoxicante.

Ozomatli

Asdrúbal Sierra (trompeta, voz), José Espinosa (saxo alto), Ulises Bella (saxo tenor), Raúl Pacheco (guitarra, tres, voz), Wil-Dog Abers (bajo), Jiro Yamaguchi (percusión), Justín Pérez (percusión), Andy Mendoza (batería), Anthony Stout (rap), DJ Kid Wik (giradiscos). Sala Caracol, Madrid. 1.500 pesetas. Día 2 de noviembre.

Los diez músicos de Ozomatli abren y cierran sus conciertos desfilando entre el público, tocando un pasacalles tropical que tiene mucho de samba frenética pero en el que se puede colar El baile de los pajaritos o el Himno de la alegría. Lo de Ozomatli es precisamente una descomunal feijoada en la que caben los ingredientes más carnosos y bailables -salsa, funk, cumbia, rock, rumba cubana, hip hop, merengue- expertamente cocinados por músicos de amplias credenciales.

En Ozomatli se siente un entusiasmo febril por comunicar su visión universalista y multirracial. Es una exhibición más atlética que coreográfica, un incesante hormigueo de músicos que saltan al frente para tocar, cantar o bailar y se retiran a fundirse en el magma en ebullición. Como ves, Eva, Cumbia de los muertos, Cut chemist suite, Dónde se fueron elevan la temperatura de la sala y demuestran que ver ahora a Ozomatli supone una experiencia similar a la de encontrarse con los mexicanos Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio en sus exuberantes primeros tiempos o con los argentinos Fabulosos Cadillacs antes de que les lastrara la gravitas porteña.

Ozomatli tiene el empuje de aquellas bandas y un potencial interno que puede derivar hacia la grandeza sonora o quedarse en gozosa pachanga para públicos con gustos fronterizos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de noviembre de 1999

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