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Tribuna:LA PAELLA DE LAS VANIDADES - GUILLEM MARTÍNEZ

Adiós a todo eso

Los coches que van a África están cargados hasta los topes; los coches que vuelven, no - Cambiando la mirada, un país es otro completamente diferente

- El profesional. Hola. Voy rumbo a Algeciras. Me trae en tutut el gorila del Ayuntamiento de La Línea. Cada ayuntamiento GIL tiene uno. O varios. O, en el caso de Marbella, una tuna de boinas verdes entera. El que me trae es muy simpático. Y todo un profesional. Ofrece sus servicios a quien le paga. Como todo el mundo. El profesional echa un vistazo por la ventanilla al Campo de Gibraltar y dice: "Es que esto está tan dejao, que esta gente" -el GIL/Gil- "se lo va a quedar todo con poco que haga". Y aquí, inciso. El GIL, snif, es tal vez la meditación más depurada de la cultura política de la transición. El GIL es antes una caricatura que una perversión. El GIL no se diferencia tanto de un partido estándar. Se diferencia en el grado, el entramado y el descaro. Y en que no engaña. La Mafia, en fin, nunca ha engañado a nadie. Fin del inciso. Y, ya puestos, fin del parágrafo, que ya estoy en Algeciras.- Los marcianos no favoritos. Algeciras. Agencias de boletos para el ferry, abiertas 24 horas. A cualquier hora del día y de la noche hay frente a ellas una familia numerosa magrebí con problemas. Sólo hombre blanco viajar sin problemas. En cada familia de ésas siempre hay una abuela que no entiende nada, varias mujeres con aspecto de empezar a estar hartas del chador, niñas vestidas de spice-girl, un hombre orgulloso de su biografía de personaje de novela de Dickens, y adolescentes que sueñan con un coche rojo. Los coches que van a África están cargados hasta los topes. Los coches que vuelven, no. Esto es una metáfora de la emigración: el cargamento de ida, con el que los magrebíes atraviesan Europa a 80 por hora, está compuesto de regalos. Los regalos son una metáfora importante. Los arqueólogos, de hecho, abren zanjas en la tierra para encontrar regalos antiguos. Muchas personas pasan el Estrecho ilegalmente. Quieren traer regalos a su madre, que vive en un país sin regalos. Lo pasan en patera o sobornando a algún vigilante de la playa. Nosotros nos comportamos como si nuestro país fuera importante. Posiblemente es importante únicamente porque aquí hay regalos. Y todo el mundo aquí también quiere regalos. Es un problema de la mirada con que se mire el país. Cambiando la mirada, un país es otro completamente diferente.

- La mirada. Desde la ventana del hotel se ve el Peñón por su lado bueno -se le ve más delgado-. Seguramente se ve el punto exacto donde murió Cadalso intentando conquistar el Peñón ese. Cadalso era el papá de Larra, y Larra se inventa un periodismo en castellano consistente en crear un personaje marciano, que opina sobre el mundo ofreciendo una visión del mundo. Una cultura son padres e hijos que se hablan o que no se hablan en el tiempo. Entre Larra y esta mañana supongo que ha habido la tira de personas que le han pegado un tute a esa tradición. Pero el Gran Kahune, esa ola que destrozó la cultura de la Península -y a quien se puso por delante-, ha evitado que los conozcamos. A las sociedades de la Península les han robado 200 años. Nos faltan 200 años. Este país es más joven, por tanto, que EEUU. Por mi parte, este verano lo que he hecho es asomarme a la ventana del verano y ver estas sociedades a las que les faltan 200 años a través de un pollo -yo-, al que también, snif, le deben de faltar 200 años. En verano uno no puede esconder la barriga. Con las sociedades, lo mismo. El GIL es una barriga de esta sociedad. Oropesa, Palma, Melilla, Santiago -ayer hablé con un colega gallego; aún hay tanto pollo apelotonado en Santiago que no puede tardar mucho en aparecer un xaco-killer-, pues también. Me ha salido un poco perplejo: todo sucede a la vez, incluso los 200 años que no suceden. Ahora mismo, frente a la ventana del hotel, pasa un señor con una barriga wagneriana. Y una chica con unos lasters para sordomudos -se les entiende, glups, todo-. Un yonqui se lava los calzoncillos en una fuente y suena un teléfono, que es el mío. Es mi amor. Su coche avanza al lado del Mediterráneo como una bola de fuego. Desafía al orden conduciendo y hablando por el móvil. Su boca parece una rosa, pero no es una rosa. Mañana será técnicamente invierno. Mucha gente volverá al trabajo y empezará a fabricar regalos. La realidad no marciana impedirá ver parte de todas estas cosas que pasan en verano. Yo qué sé. Ha sido un placer. Esto es-esto es-esto es todo, amigos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de agosto de 1999