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Cuando un actor coge la cámara

e Cuando un actor coge una cámara, suele ser para bien. Los últimos ejemplos han sucedido en el Festival de Cine de L"Alfàs del Pi (La Marina Baixa), que anoche celebró su gala de clausura, pero podrían haber sucedido en cualquier otra cita cinematográfica, donde las obras firmadas por quien antes estaba delante de las cámaras cosechan premios. Basta con remitirse a los hechos: Achero Mañas, actor, ganó el sábado el Faro de Plata en la sección de cortometrajes a concurso de la muestra alfasina por Paraísos artificiales. El guionista Mateo Gil consiguió el tercer puesto por Allanamiento de morada. La actriz Carmen Conesa veía como Josep Linuesa, protagonista de su debú como directora, Disertaciones sobre una coliflor, conseguía el premio al mejor actor. Estos tres casos que han coincidido en L"Alfàs del Pi son ejemplo de cómo tras una carrera de mayor o menor éxito en una especialidad del celuloide, se puede dar un giro de 180 grados con empuje y confianza en las propias posibilidades. Achero Mañas estaba en una curva ascendente de su carrera (antológica su interpretación de heavy indómito en la teleserie Colegio Mayor, muy acertado su cambio de registro en Belmonte) cuando decidió lanzarse a la aventura de dirigir sus propios guiones. Alejandro Amenábar no estaría donde hoy está si al final de los textos de Tesis y Abre los ojos no apareciera la firma de Mateo Gil, que en el campo del guión ha dado sobradas muestras de capacidad narrativa. A Carmen Conesa la avalan 18 años de profesión actoral en teatro, cine y televisión. Todos han hallado éxito y reconocimiento en sus carreras, pero decidieron afrontar un nuevo reto. ¿Por qué? En el caso de Mañas, no buscaba dirigir, sino narrar. "Mi paso a la dirección partió de mi inquietud por contar historias", recuerda. "Comencé a escribir a los doce años y pensé en hacer guiones porque el medio era el que conocía por mi profesión como actor. Entonces me dije que dirigiría si podía aportar algo personal", cuenta el actor, que reconoce que se convirtió en actor por vocación, pero jamás tuvo afán de ponerse detrás de las cámaras. Ahora le ha cogido el gusto a la dirección. "Me dí cuenta de que me desenvolvía", dice. Ya son tres sus cortometrajes y en estos momentos prepara su salto al largometraje con un proyecto que comenzará a hacerse realidad en septiembre. Achero Mañas está totalmente volcado en su faceta como director, con la inyección de confianza que suponen premios como el conseguido en el festival alfasino. Carmen Conesa, sin embargo, es nueva en estas lides. Disertaciones sobre una coliflor es la primera cinta en la que no sólo actúa, sino también dirige y produce. "Escribí una historia y la preparé con mi productora para obtener una subvención. Luego decidí dirigirla e interpretarla junto a José Linuesa", señala. Esta decisión la fundamenta en que "si la historia era mía, nadie podía tener tan claro lo que quería como yo". Tanto Mañas como Conesa seguirán cultivando su nueva faceta. Al primero se le ve cada vez más suelto. "Lo más fácil es la dirección de actores, porque como a ti te han dirigido, sabes de qué va el tema. Y respecto a la parte técnica, con tener un poco de buen ojo es suficiente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de julio de 1999