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Ensayo general con caballos

El único hipódromo de la Costa del Sol es un sueño que ha acariciado durante años el Ayuntamiento de Mijas. El primero en soñar fue Antonio Maldonado, durante años alcalde socialista del pueblo y hoy gerente de la empresa Recursos Turísticos Mijas S. A., promotora del invento. Maldonado contagió su sueño al actual alcalde, el también socialista Agustín Moreno, a empresarios interesados en invertir en la costa y a aficionados a la hípica de la zona. Se pusieron todos a trabajar codo con codo, se juntaron 4.000 millones para la inversión inicial de un proyecto ambicioso que contemplaba además una ciudad del ocio con lago artificial, estadio olímpico, plaza de toros cubierta, hoteles y apartamentos, y empezaron las obras. Ayer sólo se habían ejecutado 1.600 de los 4.000 millones, pero lo principal ya estaba hecho. Porque lo principal era la pista de carreras. También estaban terminados 150 boxes, la zona veterinaria y la zona de apuestas. Y los soñadores decidieron que era el momento de comprobar si el invento funcionaba. "Para comprobarlo", dijo ayer Maldonado, "lo que había que hacer era organizar algunas carreras". Así que, en su emocionado discurso de bienvenida a los más de 5.000 curiosos y aficionados a la hípica que se dieron cita ayer en el recinto, precisó muy clarito que aquello, lo de ayer, no era una inauguración, sino un ensayo general. Un ensayo general con caballos, claro. La auténtica temporada del hipódromo comenzará en octubre y se prolongará hasta marzo. Justo al revés que la temporada de hípica europea. Y es que la apuesta de Maldonado es convertir al Hipódromo de Mijas en el cuartel de invierno de la hípica europea. "Trataremos de aprovechar el buen clima para que las carreras se trasladen aquí en lugar de interrumpirse", explicó. Si la cosa funciona, el hipódromo será no sólo una baza importante para la oferta turística de la costa, sino también un yacimiento de empleo. Una de las aportaciones de la Junta al proyecto ha sido la puesta en marcha de una escuela-taller donde se formen los 18 tipos de profesionales que harán falta allí. Ese ha sido uno de los grandes ganchos del hipódromo para la gente de Mijas, y ayer había allí miles de mijeños de todas las nacionalidades celebrando su nuevo aliciente. Los de origen británico, familiarizados con la hípica, llegaban elegantemente vestidos y las mujeres, con pamela. Otros, menos expertos, se bebían los folletos explicativos que repartían los 400 voluntarios de la organización para aprender la nomenclatura de las carreras y las apuestas. "¿Qué es eso de colocado?", se desesperaba una señora ante el mostrador de apuestas. "Yo me lío mucho. Ponga usted que gana el ocho y ya está". (¡Y el ocho ganó!). La expectación era tanta que, cuando las autoridades se dispusieron, poco antes del comienzo de las carreras, a realizar la visita de rigor a las instalaciones, cerca de 400 espectadores se unieron a la excursión. Tal era la marabunta que los propietarios de los caballos los espantaron de las cuadras como si hubieran visto al mismo diablo. "¡Nos van a estresar a los animales!", se desesperaba uno. Pero aquello era una fiesta. Los yóqueis, que lo entendieron así desde el principio, se dejaron fotografiar, soportaron los comentarios de "son diminutos" con toda cordialidad y templaron los nervios de los caballos en las primeras carreras lo mejor que supieron. Éstas fueron mejorando a medida que pasaba la noche. Por algo era un ensayo general.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de junio de 1999

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