Vacío perfecto
La ecuación de Drake es una forma ingeniosa para calcular el número de civilizaciones inteligentes de nuestra galaxia. Consta de siete factores mutiplicados entre sí. Dos de ellos son enteros y los cinco restantes fracciones. La última fracción contempla la probabilidad de supervivencia de este tipo de sociedad, incluyendo su capacidad de autoaniquilación. Este factor no debe tomarse a broma. Los riesgos son enormes: catástrofes naturales, enfermedades insospechadas, contaminación, armas químicas y nucleares... Pero, últimamente, ha aparecido uno nuevo: la ESO.
Hablemos claro. Llamar a la ESO sistema educativo evidencia el gran sentido del humor del pueblo español. La mayor parte de los alumnos de hoy tienen serios problemas para leer, escribir, expresarse, operar, relacionar, opinar... Y sobreviven, pequeños tiranos, aprovechándose de la benevolencia, tal vez desinterés, de padres y profesores.
Con la ESO ha cambiado el significado de las cosas. Al recreo se le llama segmento de ocio; al programa, diseño curricular; a la pereza, reflexión; a la soberbia, espíritu crítico; a la retórica, diálogo, y al cachondeo, disciplina.
En el advenimiento del tercer milenio, la vida inteligente de este país está amenazada. Ignoro cuál será la situación en otros mundos, y confío en ellos para no reducir a cero la solución de la fórmula de Drake.
Aquí no hay ninguna duda. Volveremos a los tiempos oscuros, al vacío perfecto. Pero a nadie parece importarle. Bueno, tal vez a algún viejo soñador que pensó que el conocimiento era sinónimo de libertad y progreso.- .


























































