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Entrevista:

JUAN CARLOS NÁJERA AVENTURERO "Estoy "colgado" con Alaska y necesito ir allí una vez al año"

Es un tipo atrevido. Nada más enterarse de que unos británicos habían coronado el monte Kilimanjaro (Kenia) en bicicleta, decidió que él también lo haría. Cumplió su palabra en 1987. Ahora ha pasado más de una década y vuelve a asombrar a propios y extraños abandonando la seguridad de su puesto de trabajo como oficial de notaría. Juan Carlos Nájera (Vitoria, 1962) ha tomado parte en las carreras de bicicleta de montaña más duras de cuantas se disputan. De hecho, cuando pasea por Vitoria son ya muchos los que le hablan de la Crocodile Trophy del desierto australiano o la Idita Bike Extrem en Alaska en cuya tercera participación ha finalizado sexto (y primer europeo). Pregunta. ¿Qué es la Idita Bike Extrem? Respuesta. Es una carrera de 550 kilómetros en bicicleta de montaña por la misma superficie helada de Alaska por la que discurre la mítica carrera de trineos tirados por perros que se conoce como Idita Rock. Una prueba muy exigente en la que este año sólo hemos competido 30 participantes. Los que estábamos lo suficientemente locos para jugarnos la vida. Y la cosa va a peor, pues el organizador pretende que el año próximo se disputen los más de 1.500 kilómetros de la Idita Rock completa. Por si acaso, le he dicho que me apunte aunque creo que será casi imposible de acabar. P. ¿Llegan a jugarse la vida de verdad? R. Sin duda, pues hay que tener en cuenta que se exige a cada participante llevar encima la comida, ropa y todo cuanto pueda necesitar durante un máximo de 10 días en condiciones extremas, cercanas a los -50º C. Aunque puedes colocar depósitos previamente durante el trayecto, luego es necesario encontrarlos en mitad de la nieve. Con todo, lo peor es mantenerte sobre la bici durante horas y horas. Este año he llegado a realizar dos etapas de 24 horas sin parar de dar pedales; se trata de sufrir hasta la extenuación. Pese a todo, estoy colgado con Alaska, necesito ir allí una vez al año. Si encima acabo sexto y primer europeo, miel sobre hojuelas. P. Y del frío de Alaska pasará en breve al calor del desierto de Australia. R. Seguro, ya que el año pasado corrí por vez primera la Crocodile Trophy y quedé encantado. Se disputa sobre un recorrido de 2.000 kilómetros en el desierto de Australia. La prueba finaliza en la ciudad de Cairns, la meca del buceo en la barrera coralina después de haber realizado 145 kilómetros diarios bajo un sol abrasador y con temperaturas medias de 47º C. Pese a todo, por dura que parezca, mientras en Alaska te llegas a jugar la vida, en Australia lo peor es el sufrimiento y el desgaste en los huesos. P. ¿Qué busca al participar en este tipo de pruebas? R. Nada en concreto, simplemente me mueve el ansia de superación. Pienso que es importante tener metas. Además, éstas son más interesantes en función de su dificultad; cuanto mayor es el reto, más interesante se presenta. P. ¿Por qué siempre con la compañía de la bicicleta? R. Inicialmente porque me gusta aunque tengo que reconocer que fue una casualidad la que me llevó a utilizarla para cubrir la segunda ascensión mundial al Kilimanjaro en bicicleta. Me enteré de que unos británicos lo habían conseguido y ya fue imposible quitármelo de la cabeza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de junio de 1999