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La apertura de la variante de Rentería traslada a Pasaia los problemas de tráfico en la N-I

La variante de Rentería, abierta ayer al tráfico, resuelve los graves problemas de circulación que ha soportado esta localidad guipuzcoana, por cuyo casco urbano circulaban unos 50.000 vehículos al día. La construcción de este nuevo ramal, de tres kilómetros de longitud, desahogará la carretera N-I a su paso por Rentería, aunque generará un efecto de cuello de botella en la travesía de Pasaia Antxo. La solución para este tramo consistirá en suprimir en 2002 el peaje de la autopista A-8 hasta San Sebastián y ampliar ésta a tres carriles en cada dirección.

La variante de Rentería solventa un problema y genera otro.El nuevo ramal reducirá casi a la mitad el número de vehículos que diariamente atraviesan por el casco urbano de esa población, pero evacúa un gran volumen de tráfico a la carretera N-I a su paso por el término de Pasaia Antxo, que actualmente también sufre una fuerte congestión circulatoria. La nueva variante, de 3.060 metros de longitud, ha supuesto un desembolso público de 4.380 millones de pesetas (26,3 millones de euros) y una afinada labor de ingeniería para salvar las dificultades orográficas, la proximidad del puerto de Pasaia y la concentración de carreteras y vías férreas existente en este entorno. La solución elegida consta de un túnel de 400 metros, ocho puentes y viaductos, 32 muros, y dos pasos inferiores para automóviles. El vial tiene dos calzadas de dos carriles y se ramifica con cuatro enlaces que dan salida a los tráficos en dirección hacia Lezo, el barrio pasaitarra de San Juan, Rentería y Oiartzun. El diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe; el diputado de Carreteras, Antton Jaime, y el alcalde de Rentería, Adrián López, entre otras autoridades, asistieron ayer a la inauguración de esta carretera cuya ejecución se ha prolongado durante 32 meses. El proyecto de la variante de Rentería se gestó en 1996 en medio de una corriente contestataria encabezada por los ayuntamientos de Pasaia, Lezo y Oiartzun. Pese a la oposición ejercida por estos municipios y de una coordinadora antiautovía, la Diputación de Guipúzcoa inició las obras en el mes de octubre de 1996 a sabiendas de que esta variante es un remedio parcial al grave problema de tráfico existente en el corredor que va desde Pasaia hasta Oiartzun. Mediante esta solución, el municipio de Rentería, según expresó ayer en la inauguración su alcalde, el socialista Adrián López, "se mejora la calidad de vida de los ciudadanos de Rentería", debido a que unos 20.000 vehículos optarán por circular por la nueva variante en lugar de cruzar la N-I. Suprimir el peaje Los principales perjudicados por la construcción de la variante de Rentería son los vecinos de Pasaia Antxo, que deberán esperar hasta el año 2002 para ver desahogado un tramo reducido de carretera que recibe el trasiego de 65.000 vehículos diarios. Para arreglar este caos circulatorio, la Diputación de Guipúzcoa ya ha resuelto eliminar el peaje de 125 pesetas entre San Sebastián y Pasaia, separados entre sí por seis kilómetros de distancia. La desaparición del puesto de cobro de Pasaia desecha la posibilidad de construir una variante elevada en Antxo debido al fuerte impacto que ocasionaría a las viviendas que se arriman a la actual carretera. De esta forma, la eliminación del peaje obligará a ampliar la actual autopista A-8 a seis carriles, una obra que supondrá una inversión de 3.500 millones de pesetas (más de 21 millones de euros). Los técnicos del departamento foral de Carreteras han calculado que en 2002 el tráfico rodado se reducirá en alrededor de 40.000 unidades por la tramo conflictivo de Pasaia Antxo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de mayo de 1999

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