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Entrevista:

"En un buen guión siempre hay mucho trabajo de dirección"

Mateo Gil, el coguionista de las dos películas de Alejandro Amenábar, Tesis y Abre los ojos, inició ayer en Sevilla el rodaje de su primer filme, Nadie conoce a nadie. Un thriller con conflictos generacionales de fondo que Gil, un canario de 26 años, parece afrontar con tranquilidad."Pues sí, la verdad es que estoy mucho más tranquilo de lo que esperaba. Supongo que es porque tengo un buen equipo, bastantes medios y también porque he trabajado con el guión durante dos años y tengo bastante clara la película", afirma el director, que el sábado por la tarde, junto a gran parte de su equipo (encabezado por los actores Eduardo Noriega, Jordi Mollà, Paz Vega y Natalia Verbeke), puso rumbo a la capital andaluza.

Horas antes de subirse al AVE, Mateo Gil citó a los periodistas en el mismo bar de Madrid donde suele convocarlos Amenábar. Una especie de oficina, en plena plaza del Dos de Mayo (ambos viven cerca), en donde Gil trabajó como camarero durante un año y medio. "Junto a esa ventana escribió el guión de Abre los ojos", señala orgullosa la dueña del local, que indica al fotógrafo que enfoque "esos ojos tan bonitos que tiene Mateo". El joven director se limita a sonreír y a recoger, sin que nadie se lo pida, las sillas y las tazas de las mesas que se han desocupado.

"Siempre he querido dirigir; fueron las circunstancias las que me llevaron a ser coguionista de Tesis y de Abre los ojos", explica. "Tesis era totalmente el universo de Amenábar, éramos muy amigos de la facultad, hacíamos juntos cortos en vídeo y él me pidió ayuda. Con Abre los ojos me impliqué mucho más, es más mía que Tesis. Pero es difícil hablar de cómo trabajamos juntos, no tenemos ningún método ni nada parecido, nos entendemos muy bien. Incluso después, en el rodaje, cuando queríamos quitar o poner algo, no lográbamos recordar de quién era cada frase".

Mateo Gil, que con su primer cortometraje (Allanamiento de morada, basado en su propia experiencia como vendedor a domicilio de enciclopedias) ha logrado varios premios, señala que el guión de una película es, "con muchísima diferencia", lo más difícil del cine. "Tener algo que contar que merezca la pena es lo más complicado. Contarlo, si tienes un buen equipo, no lo es tanto. Pero escribir guiones está mal pagado, porque hay demasiada gente que quiere dedicarse a esto y porque en España no ha habido sindicalismo de ningún tipo. En cine hay un agravio comparativo inmenso y sin duda el técnico peor pagado es el guionista. Seguramente, el día en que se paguen mejor los guiones habrá mejores películas. Un buen guión, si de verdad está bien escrito, lo determina todo. Hay tanto trabajo de dirección en un buen guión que todo se vuelve mucho más sencillo".

Nadie conoce a nadie, producida por Sogetel y Maestranza Films, está basada en la novela del mismo título del escritor sevillano Juan Bonilla. La película, sin embargo, "se va por otro lado" y es, según su director, "la historia del enfrentamiento entre alguien que no cree en nada y alguien al que no le queda más remedio que creer en sí mismo".

El filme arranca cuando Simón, un aspirante a escritor que se gana la vida diseñando pasatiempos para un periódico local, recibe una llamada amenazándole si no incluye en su crucigrama del Domingo de Ramos la palabra "adversario". Aunque todo parece una broma, el protagonista (Eduardo Noriega) accede al chantaje. El crucigrama desencadena entonces una serie de atentados en plena Semana Santa que inculpan al joven escritor, algo que provoca su total desconfianza en todos los que le rodean, empezando por su compañero de piso (Jordi Mollà). "La novela y la película no hablan de las mismas cosas. La novela de Juan Bonilla es una gran reflexión sobre la sociedad sevillana y lo que significa la Semana Santa. Pero yo he ido por otro camino, poco a poco; buscando una trama diferente y otro ritmo, encontré una historia que me interesaba contar y que necesitaba para motivarme al escribir. En el fondo, cuando te metes en cualquier historia, sea de encargo o no, es porque encuentras algo en ella que querías contar. Cuando recibí el encargo de adaptar la novela de Bonilla acabé llevándola a mi terreno, y supongo que por eso acabé escribiendo una historia de la falta de objetivos, de la necesidad de creer en algo y de cómo la búsqueda obsesiva de una meta o de un objetivo también se convierte en la otra peligrosa cara de la misma moneda. El título es Nadie conoce a nadie, pero no porque nadie conozca a nadie, sino porque nadie se interesa por nadie".

Aunque su trabajo con el guión empezó siendo para otro director, su implicación en la historia fue tan grande que los productores le propusieron que fuera también él su director. "La actitud de Bonilla ha sido la de un señor", añade en referencia al autor de la novela. "No he recibido ni una llamada suya para saber qué estaba haciendo con su libro, ha mostrado una actitud absolutamente discreta, algo que le agradezco muy sinceramente, porque cine y literatura no tienen nada que ver ni en la trama ni en el ritmo ni en nada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de mayo de 1999

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