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Entrevista:

JOSÉ MONDÉJAR FILÓLOGO "Los políticos usan el lenguaje para que no se entienda lo que dicen"

El pasado mes de marzo José Mondéjar Cumpián, de 71 años, catedrático de Filología Española de la Universidad de Granada, y especialista en historia de la lengua, recibió uno de los premios Andalucía de Investigación por su estudios sobre las hablas andaluzas. Mondéjar cree que es inadecuado considerar el andaluz como una lengua. Más bien, dice, es una simple variedad del español. Pregunta. ¿Por qué los debates sobre el habla andaluza acaban casi siempre en polémica? Respuesta. Ante las hablas andaluzas hay dos actitudes, la que va teñida de cierto folclorismo, y que algunos incluso consideran una lengua, y la rigurosa o científica, que consiste en decir que es una variedad del español que si bien tiene características fonéticas acusadas, en unos sitios más que en otros, comparte la misma estructura con el español. P. Algunos escritores, sin embargo, han llegado a transcribir en sus obras el habla andaluza como si fuera un signo de referencia peculiar. R. Se puede usar como elemento de caracterización fonética de un personaje. Otra cosa es suponerle una riqueza semántica especial, que existe en todos los sitios. En Andalucía hay un léxico específico, igual que en Extremadura o Castilla. No se puede elevar un rusticismo a categoría lingüística. P. Ciertos medios de comunicación hablados propugnan que los profesionales utilicen la fonética andaluza. ¿Qué le parece? R. En Sevilla hay una campaña para que en los medios se hable andaluz. Pero ¿qué norma fonética aceptar, la de Sevilla o la de Granada? Estamos empobreciendo la lengua. En Canal Sur es frecuente, por ejemplo, escuchar a alguien que pronuncia azucena con una aspiración excesiva de la vocal, jazucena. Esa pronunciación existe, pero no es norma. En otras ocasiones comparece un locutor ceceante. El ceceo es un fenómeno limitado al campo occidental de Andalucía. P. ¿Opina que los periodistas somos quienes peor usamos la lengua? R. En particular los periodistas deportivos, que creen que tienen patente de corso para usar las palabras con un valor semántico que no poseen. Los políticos hablan mediante eufemismos o circunlocuciones. Tratan el lenguaje como pantalla para que no se entienda lo que dicen. Los políticos de la dictadura hablaban, por ejemplo, de conflicto laboral colectivo para referirse a la huelga. Los de hoy también intentan engañar, aunque los perspicaces lo disimulan más. La lengua buena es la que practican las personas cultas, que forman un sector dominante, y que sirve para que nos entendamos todos. Luego está la literatura que no sirve tanto para saber cómo hay que hablar como para conocer la buena escritura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de mayo de 1999