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FÚTBOL 26ª JORNADA DE LIGA

El 'derby' resultó un monólogo del Barça

Dos goles de Rivaldo y uno de Kluivert sentenciaron a un Espanyol que se entregó en el Camp Nou

El derby resultó un monólogo. No hubo ni partido. El Espanyol se entregó en cuanto el Barça saltó al campo y dejó la confrontación ciudadana en un acto de afirmación barcelonista. Desde un punto de vista pasional, sentimental, de rivalidad, la tarde fue, un fraude.No están los blanquiazules para gran cosa, y menos para discutirles el liderato a los azulgrana, que no flojearon ante el mal marcador que les deparó la jornada. La insensibilidad de los barcelonistas es estremecedora: tratan a todos los rivales de la misma forma. Da igual que sea el Madrid, el Extremadura o el Espanyol, un proceder que aumentó la sensación de que tampoco hicieron nada ayer para dignificar al derby.

La Liga gira en torno al Barça: la ganará por descontado o la perderá por dejadez, y en este debate el Espanyol no tuvo nada que decir. Los periquitos están por otros asuntos. Han conseguido despertar cierto sentimiento de comprensión y hasta admiración por su apuesta por la cantera, por una optimización de recursos y por combatir la mercantilización del fútbol con un espíritu de familiaridad y de exhibición de la modestia.

BARCELONA 3 - ESPANYOL 0

Barcelona: Hesp; Reiziger (Pellegrino, m.45), Abelardo, Frank de Boer, Sergi; Luis Enrique (Ronald de Boer, m.18), Xavi, Cocu; Figo, Kluivert (Anderson, m.75) y Rivaldo.Espanyol: Toni; Nando, Iván Helguera, Pacheta, Capdevila; Nan Ribera (De Lucas, m.45), Galca, Sergio, Arteaga (Manolo Pérez, m.45); Benítez (Tamudo, m.58); y Martín Posse. Goles: 1-0. M.16. Figo centra desde la banda derecha, Kluivert no acierta en el remate, la pelota queda a merced de Rivaldo, quien marca con la zurda en semifallo. 2-0. M. 29. Pacheta agarra a Kluivert y el árbitro pita penalti; lo transforma Rivaldo. 3-0. M. 52. Figo centra desde la banda izquierda, el balcón supera a Pacheta y Kluivert remata a gol después de parar la pelota con el pecho. Arbitro: Brito Arceo, tinerfeño. Mostró la tarjeta a Pellegrino, Sergio, Capdevila, De Lucas y Figo, que no podrá jugar en Anoeta. Unos 80.000 espectadores en el Camp Nou. Luis Enrique y Reiziger tuvieron que ser sustituidos por lesiones musculares.

Es el Espanyol un equipo sobrevalorado, que ha vivido más de la excitación que supone sumar hasta 10 partidos sin perder que de una propuesta futbolística. Más que contenido, Brindisi le ha dado un carácter bondadoso, solidario, acorde con el quehacer del club. Jugó ayer muy a la expectativa, asumiendo su inferioridad, dejando que el choque se disputara exclusivamente en su campo. El Espanyol se lo dejó hacer todo, así que hasta el árbitro le metió mano con un penalti que nada habría pasado de no pitarlo.

A falta de adversario, el Barça jugó contra sí mismo. Desde una posición muy cómoda, dirigió el encuentro a su aire. Marcó al primer cuarto, sentenció en el segundo y administró a partir del tercero. La tarea resultó tan liviana que el equipo se dejó ir, y entre Figo, Rivaldo y Kluivert deshicieron el remiendo que había hecho Brindisi en una zaga descosida por las ausencias de futbolistas de peso como Cristóbal y Pochettino.

Desestructurado, sin consistencia, el Espanyol se rompió en cada una de las llegadas del Barça, que jugó al buen tuntún, sin tensión, muy suelto. La fragilidad blanquiazul invitó al grupo de Van Gaal a atacar de forma diseminada, individualista, un terreno abonado para Rivaldo. Salió del margen izquierdo de la cancha y fue al encuentro del balón en cada acción. En su partido numero 100 en Primera, no quiso pasar desapercibido: metió dos goles, aunque uno llegara de penalti y otro en un semifallo, y se levantó la zamarra para dejar al descubierto una segunda camiseta con el nombre de Giovanni, un gesto que habla de su peso en el equipo y de su capacidad de reivindicación ante Van Gaal.

La efectividad azulgrana fue tan manifiesta como la candidez blanquiazul. Brindisi se equivocó en las marcas individuales y su juego de presión en la línea de medios resultó inútil. El Barça marcó cuando quiso. Por primera vez en mucho tiempo, ni siquiera sufrió sobresalto alguno y gobernó la contienda con ritmo de entrenamiento. Le alcanzó con el juego de posición que garantiza Xavi, un jugador menos luminoso que Guardiola, pero muy responsable, metódico, que lee la libreta de Van Gaal con una gran facilidad.

Con el toque de Xavi, la salida de Frank de Boer, el centro de Figo, la zurda de Rivaldo y el cuerpo de Kluivert, el Barça llenó el partido y se ganó un marcador decoroso. En algunos momentos pareció que el resultado podía ser mucho más dañino para el Espanyol. Brindisi se tapó moviendo el banquillo para hacer ver que hacía alguna cosa, pero su equipo nunca estuvo en el Camp Nou, salvo en un remate de Galca en un libre directo que escupió el travesaño. Poco trabajado tácticamente, no tuvo defensa ni gol para salir de forma decorosa del derby. Le salvó sobre todo la actitud comprensiva del Barça, que sólo arreó en el último tramo, cuando Rivaldo pareció empeñado en meter un tercer tanto. Quizá le faltó sentido de equipo. Pero, a falta de emoción, el partido exigía ciertos actos de egoísmo.

Jugó el Barça parado, la pelota al pie, sin mucho dinamismo; sin embargo, le bastó para zanjar un partido que no fue derby ni nada. Triste situación para los azulgrana, a los que se juzga más por lo que se les supone que por lo que hacen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de marzo de 1999