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CARTAS AL DIRECTOR

Indignación

Qué náusea, qué indignación, cuánta repugnancia me produjo la noticia de las vejaciones sufridas por una familia de zíngaros a cargo de siete policías en Madrid (véase EL PAÍS del 20 de febrero). Desearía enviar mi más profundo sentimiento de fraternidad y afecto a las víctimas de tan incalificable atropello.A la par envío mi reconocimiento y mi emocionado respeto al ciudadano anónimo que, ejerciendo como tal, acabó en el calabozo junto a la humilde familia gitana. La reparación moral lograda con la condena de la Audiencia de Madrid no debe hacernos olvidar la obligación de eliminar de nuestros usos lingüísticos la compulsión a atribuir a los gitanos todos los males de nuestra sociedad.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de febrero de 1999