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Zalduondo, de Santiago a Markitos

Saldondo, Chaldondon, Soldoudon, Soldondon, Zalduondo y también Zalduendo, que de estas dos últimas formas se conoce hoy a esta recoleta localidad alavesa, la primera que veían los peregrinos y viajeros que llegaban desde Europa, después de pasar por el túnel de San Adrián. Cuando todavía no se ha olvidado la reunión de presidentes autonómicos y la infanta Elena en Roncesvalles para dar inicio al último Xacobeo del milenio, no está de más recordar la importancia que tenía este paso (y las villas alavesas que les recibían en su recorrido) para los devotos que durante la Edad Media acudían hasta Santiago a venerar los supuestos restos del apóstol. Y más con el tiempo que salió aquella mañana, con la nieve como protagonista. Los peregrinos europeos, curtidos en climas más desapacibles, tampoco gustaban de sufrimientos extraordinarios: antes que entrar en la península por los Pirineos en invierno (fuera por Roncesvalles o por Somport), siempre sería mejor optar por el llamado camino francés, con un trayecto más suave y benigno. E incluso en siglos anteriores, el norte de Álava gozó de otro paso, más que obligado por las poco recomendables incursiones de los musulmanes que vivían en aquel tiempo en buena parte de la Península y que tenían por afición incordiar a los cristianos de aquellos territorios a los que todavía el Islam no había llegado como Alá manda. Como se recoge en las crónicas del alto medievo, "per devia Alavae peregrini declinabant timore maurorum", o lo que es lo mismo en romance: "los peregrinos se desviaban por los caminos de Álava por temor a los moros". El camino de Santiago se ha institucionalizado y pasa, poco menos que inevitablemente, por Roncesvalles. Son pocos los peregrinos que llegan desde San Sebastián, por Tolosa, Segura y Zegama y, tras cruzar el túnel de San Adrián, descubren las tierras de la Llanada alavesa, con Zalduondo en primer término. Este camino, heredero natural del citado antes, cuando las huestes de Alhakam II y Almanzor se pasaban los años de razia en razia por estos territorios, alcanzó pronto una destacada notoriedad, desde que al tránsito de peregrinos se unió el de viajeros de otra índole y el de mercancías. Hasta que en 1783 se inaugura el nuevo camino real por el valle de Léniz, el paso de San Adrián es el más importante para entrar desde Europa en la meseta, y esto se ve reflejado en algunos elementos arquitectónicos de las villas alavesas de la Llanada, con la reconocida Salvatierra a la cabeza. En el camino real En las localidades más pequeñas también se observaban huellas de esa buena época que supuso para ellas el ser paso del camino real de San Adrián. En Zalduondo, por ejemplo, el peregrino actual disfrutará de la reciedumbre del palacio de Lazarraga o de la iglesia parroquial de San Saturnino, advocación que es exponente claro de la apertura de la villa a los caminos de Europa. Como recoge Micaela J. Portilla en su imprescindible Por Álava, a Compostela, "los peregrinos que habían llegado a Bayona por un ramal de la "Vía Tolosana" encontraban en Zalduondo la parroquia que, en su título, les recordaba a San Sernín y el grandioso templo del santo que habían visitado en Tolousse". Pero los que inauguraron este trayecto allá por el siglo XIII ni se imaginaban que en un futuro pudiera existir un estilo tan recargado como el que refleja el retablo de San Saturnino. Estos devotos estaban acostumbrados a la austeridad de los templos prerrománicos y románicos, y el más avanzado en las modas arquitectónicas de su tiempo, si acaso, había visto el inicio de alguna iglesia pregótica. Así que se encontrarían con templos como el de San Julián de Aistra, a la entrada de Zalduondo, antigua parroquia de la aldea homónima, que conserva todavía ese exiguo ventanal, metáfora de una época también escasa. Y después de alojarse en el hospital de Zalduondo, en el barrio de Arbinatea, del que no se conserva ningún resto medieval (aunque sí hay datos documentales que atestiguan su existencia), el peregrino, ya más tranquilo, echaría un vistazo al nuevo paisaje que había aparecido ante sus ojos, a esa Obaba que también descubrió para sí el escritor Bernardo Atxaga, vecino reciente de la localidad. Sin embargo, el entorno que recibía a los viajeros hace siete, seis, cinco siglos ha sufrido algunas transformaciones. Como relata Micaela Portilla en la obra citada, "atravesaban zonas de monte, pobladas de encinares, hayedos, pinares y prados naturales, entre campos de cereal, viñedos, linares y campos de frutales. Tierras explotadas para cubrir las exiguas necesidades de una economía de subsistencia y de un comercio cerrado, de trueque, con la tierra y sus productos como principales recursos y fuentes de riqueza". Ahora, de los bosques poco queda y el cultivo a gran escala ha invadido toda la Llanada, en compañía de varias carreteras y autovías que dan fe de la trascendencia de esta comarca en las comunicaciones alavesas. Y por supuesto (aunque en Zalduondo, en esto, siga teniendo cierto aire de aquellos tiempos), no se encontraban con mucho tráfico y menos con carretas que transportasen mercancías con la frecuencia de estos trailers finiseculares. Si veían algún cargamento, éstos solían ser de sal y de hierro, los dos productos en los que Álava tenía cierta importancia en el Medievo. Prosperidad en el XVI Ya más tarde, cuando las comunicaciones comenzaron a normalizarse, en el siglo XVI, los señores de estas localidades también sufrieron una grata transformación: de la escasez a una más que próspera ventura material. Así se refleja en el palacio Lazarraga, propiedad de los descendientes del matrimonio de doña María Fernández de Amézaga y Lazarraga con el señor de Oñate. Hoy alberga en su interior un museo etnográfico comarcal, cuenta con interesantes pinturas murales que decoran los muros de la escalera y ostenta un escudo en su portada plateresca que da idea de la importancia de los que construyeron el palacio. Afortunadamente, Zalduondo, como ejemplo de que el tiempo pone a cada cual en su lugar, no se conoce hoy por este palacio señorial, ni por ser parada obligatoria en el camino francés a Santiago; Zalduondo tiene su momento trascendente para los alaveses y demás conocedores del pueblo, el domingo de Carnaval, con el paseo de Markitos, el personaje que mantiene viva a esta localidad, lejos de recuerdos medievales.

Datos prácticos

Cómo llegar: Zalduondo, en otro tiempo parada clave para quines iban del continente hacia la meseta, o a la inversa, se encuentra hoy apartada de las principales vías de comunicación, aunque no tanto, ya que está a escasos kilómetros de la N-1. Así que hasta esta vía hay que acudir, sea cual sea la procedencia. La desviación, desde Vitoria, puede ser en Salvatierra, mientras que desde San Sebastián, en Eguino. Alojamiento: El establecimiento más prestigioso de la zona es sin duda el Parador Nacional de Argomaniz, situado entre Vitoria y Salvatierra (tel. 945 293200). En esta localidad, muy cercana a Zalduondo se encuentra el Hostal José Mari (tel. 945 300042) y la Fonda Ugarte (tel. 945 300202). Ya en Alegría, en la misma comarca de la Llanada se puede acudir a la Pensión Póker (tel. 945 420328). Las casas de agroturismo más cercana está en Maturana, Sagasti-zahar (tel. 945 317158); Ozaeta, Adela etxea (tel. 945 317033); y Narbaja, Koipe-enea (tel. 945 300298). Comer: Además del parador y los hoteles citados, en Salvatierra se encuentran los siguientes restaurantes: Merino (tel. 945 300052), La Olla (tel. 945 300119), Martimuru (tel. 945 301052) o Urbasa (tel. 945 300424). En Alegría no hay que olvidar la sidrería Dulantzi (tel. 945 420386).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de febrero de 1999

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