Juan Chillida muestra en San Sebastián su trayectoria durante la última década

Al artista Juan Chillida (San Sebastián, 1956) la inspiración le ha llevado inevitablemente de la pintura hacia la escultura. No hay una ruptura en sus trabajos, se sucede una evolución lógica, un proceso coherente, que le aproxima ahora a la investigación profunda de la dimensión. La prueba se encuentra en la galería Art Co de San Sebastián, que acoge hasta mediados de marzo una exposición individual del artista. Chillida presenta una veintena de piezas -pinturas, collages y esculturas- realizadas a lo largo de esta década.

La exposición de este artista, formado a la sombra de su padre el pintor Gonzalo Chillida y de Vicente Ameztoy, recoge las obras más representativas realizadas por el autor desde 1993 y permite percibir su proceso evolutivo hacia la tercera dimensión del plano y el cambio constante en la utilización de los materiales. Pinturas, collages y esculturas siempre livianas comparten el espacio de la sala. Tienen mucho en común; un mismo sello, una presencia fuerte de la figura humana y el mar, pero también un tratamiento muy variado. En la galería se ve la figura de un hombre a caballo, de varios bailando. Todos, realizados con alambre, papel metálico y pintados de blanco y muy estilizados. Pero también se alzan piezas finas hechas en bronce, lienzos con un colorido de gran expresividad y cuadros más abstractos en los que el artista entremezcla el trazado de imágenes de ciudades, con mapas y cartografías. Pero lo que llama la atención en la sala son las "estructuras habitables", tal y como las llama Chillida: esculturas livianas blancas en movimiento que cuelgan del techo o se apoyan en el suelo. Son sus últimas creaciones. A Chillida no le queda grande este apellido que reconoce que en ocasiones pesa. "Siempre te exiges y te exigen más". Otras veces, en cambio, "simplemente por el nombre ya te dan un valor". Este artista, autodidacta de formación, creció a la sombra de su padre. "En Etxeondo, cuando vivíamos en Villabona, nos ponía a mi hermano y a mí a dibujar". Reconoce que es su crítico más feroz, pero precisa: "es crítica constructiva". Nunca estudió. Le bastaba con echar mano de los conocimientos de su padre sobre técnicas y materiales. Su carrera es una de esas que invitan a eludir los estudios como medio necesario para pintar o esculpir. Pero Chillida afirma: "hay que estudiar, al menos materiales, aunque experimentes luego con otros que te inventes". Precisamente si su trayectoria se caracteriza por algo es por su insistente investigación en este terreno, independientemente de que afronte una pintura, un collage o una escultura. Le gusta todo aquello que tiene que ver con lo experimental. Por eso la creación de Arteleku en San Sebastián le pareció una "bomba, de las cosas más importantes que se han hecho". Y afirma contundente: "Prefiero más artelekus que Guggenheims, sin duda además". Desde 1981 Chillida ha protagonizado una veintena de exposiciones individuales en galerías del País Vasco y Madrid y ha presentado sus obras en muestras colectivas por toda España.

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