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El Parlamento ruso aprueba un presupuesto basado en metas económicas difíciles de cumplir en plena crisis

El presupuesto más duro y uno de los menos realistas de los últimos años fue aprobado ayer por la Duma (Cámara baja del Parlamento ruso), con una facilidad que probablemente está más relacionada con la política que con la economía. El texto, pendiente tan sólo del visto bueno del Consejo de la Federación (equivalente al Senado español) y de la firma del presidente Borís Yeltsin, prevé un déficit del 2,53% del producto interior bruto (PIB) y se basa en previsiones tan utópicas en plena crisis como un cambio del rublo a 21,5 unidades por dólar (ya se cambia a más de 23) y una inflación del 30% (sólo en enero fue del 9%). El resultado de la votación (308 votos a favor, 58 en contra y seis abstenciones) y el apoyo prestado al presupuesto por los comunistas, pese a que no satisface la mayoría de sus demandas de aumentar los gastos sociales, constituyen un voto de confianza para el primer ministro, Yevgueni Primakov.

Las cuentas aprobadas preven unos ingresos de 473.820 millones de rublos (casi tres billones de pesetas, 18.000 millones de euros) y unos gastos de 575.000 millones de rublos, con un déficit que supone el 2,53% del PIB.

El ex primer ministro Serguéi Kiriyenko recordaba el jueves a un grupo de periodistas extranjeros que el Estado ruso se gasta en un año lo que EE UU en una semana. Sólo una reestructuración de la deuda, añadió, "a siete, ocho e incluso diez años", con pagos anuales que no superen los 4.400 millones de euros, permitiría abrigar cierta esperanza de salir del abismo. El presupuesto cuenta con pagar en 1999 más de 7.050 millones de euros, lo que ya supondría conseguir de los acreedores internacionales que se renegociasen los pagos que vencen en este año, que ascienden a 15.500 millones de euros.

Primakov dijo que luchará contra la "práctica criminal de pagar salarios con ingresos no declarados" y contra la "pesada herencia y el exceso de distorsiones" en las privatizaciones. Su Gobierno, añadió, dará la máxima prioridad al desarrollo del sector real de la economía, mejorando la financiación de proyectos de industrias claves a través de un banco especial. El primer ministro pretende, además, sanear el sector financiero con la creación de una agencia para la reestructuración de bancos.

El presupuesto debía ser la clave para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) cambiase de actitud y desbloquease la entrega de nuevos créditos a Rusia. Pero los negociadores del organismo se marcharon ayer de Moscú, tras tres semanas de trabajo, sin un acuerdo con el Gobierno ruso. La misión del FMI vuelve hoy a Washington dotada de los muchos documentos que componen la respuesta rusa a sus preguntas de cómo piensa este país reflotar su economía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de febrero de 1999